El libro del Picaflor

–Picaflor, cuándo será el día que usted no arme un quilombo en el fútbol.

–¿Por qué dice eso?

–Nacional y Peñarol están a los tarascones por su culpa.

–Como dice el Quique Yanuzzi, usted no se coma la pastilla. En ese caso, son otros los López que juegan el partido.

–¿Cómo lo trataron ayer en la calle Guayabo?

–Muy bien. El Picaflor tiene algunos enemigos que son públicos pero decenas de amigos en privado.

¿Tiene alguna bombita para hoy?

–Una bomba atómica.

–Cuente, cuente.

–Los otros días llegó una persona y, en forma anónima, dejó un paquete para el presidente Eugenio Figueredo. Según le comentaron al plumífero, el hombre se preocupó de pasar inadvertido, no hizo «bulla», dejó la encomienda y se tomó los olivos, chiflando bajito. Una fuente del plumífero le adelantó que el contenido de la encomienda, a más de uno le va a complicar el futuro.

–¿Por qué?

–Según este informante del plumífero, la encomienda contenía abundante documentación que dejaría muy mal parados a los dinosaurios.

–¿Qué pasó?

–De acuerdo con la versión que le pasaron al Troquílido, en la encomienda que llevó este desconocido, le enviaron a Figueredo casetes con grabaciones radiales; notas y reportajes periodísticos, copia del acta judicial recogido en la sede civil de 18° turno, cuando los dinosaurios realizaron la acción de amparo contra los revolucionarios.

–Sinceramente, no entiendo para qué le puede servir esa documentación al number one de la Asociación.

–No sea ingenuo… Con todas las pruebas a la vista, Figueredo va a empezar a trabajar y a separar la paja del trigo. Luego de estudiar la documentación y comprobar quiénes fueron los responsables de su conducción por la fuerza pública al Juzgado Civil de 18° Turno, el pasado 26 de junio, a las 17.00 horas…

–¡No me diga!

–Sí señor. Figueredo quería tener las pruebas para conocer fehacientemente quiénes fueron los responsables de su conducción a la sede judicial. En esa situación, por demás comprometida están: Martín Vázquez, Gustavo Méndez, Fernando Cresci, Sergio Komjetán, Fernando Cabrera y varios árbitros más. Sus cabezas pueden rodar por la bajadita de Guayabo.

–¡Esto sí que es una bomba!

–Tiempo al tiempo. Figueredo tampoco va a agarrar la guillotina de la noche a la mañana porque quedaría pegado, pero El Picaflor le puede asegurar que tarde o temprano, los responsables de la humillación que vivió en el juzgado el 26 de junio van a pagarle con interés incluido esa deuda que lo tiene muy caliente todavía. Según el informante del plumífero, Figueredo va a llevar esa documentación y todas las pruebas a la CSF para que los otros popes tengan, en forma objetiva e imparcial, los elementos que motivaron la crisis en la gremial de Audaf.

–Si los dinosaurios descubren quién fue el cartero que los mandó en cana, lo limpian como un pollo doble pechuga.

–El hombre fue muy profesional; dejó la prueba del delito y al retirarse fue borrando las huellas de su pisada. *

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