El libro del Picaflor

Picaflor, ¡qué humillación!

–Fue un golpe durísimo. Una cachetada a la historia. Doloroso.

A mí lo que me calienta, Troquílido, es cómo algunos colegas suyos quieren encontrar justificaciones a la derrota más humillante que ha vivido el fútbol uruguayo en los 100 años de vida.

–Lo que pasa es que hay periodistas que están comprometidos con el poder, con el grupo que administra a la selección nacional y no van a patear contra el clavo. Hubo gente que fue de frente y dijo lo que sentía. Otros en cambio, hicieron más dribling que Maradona a los ingleses en el Mundial de México 86. Esto enaltece la independencia de aquellos comunicadores que siguen luchando por no entregarse a los pies del todopoderoso. La derrota, además de ser humillante, refleja otras cosas muy importantes. Por ejemplo, que el proyecto que Francisco Casal, Enzo Francescoli y Daniel Gutiérrez tienen para reflotar al fútbol uruguayo es inconsistente y carece de toda estructura lógica. Confirma además que aunque parece fácil, dirigir el fútbol no es para principiantes.

–Ellos fueron recibidos como salvadores de la patria en 1998 cuando firmaron el contrato con la Asociación.

–Es cierto. Pero mire que ellos no son los únicos responsables del papelón histórico que hizo la selección nacional en Maracaibo. Detrás de los Paco boys están los dirigentes de los clubes que votaron la privatización del fútbol y le regalaron en bandeja la administración de la gloriosa celeste. Los muchachos de Divina Comedia pensaban que viajando en clase ejecutiva, contratando aviones chárter, hoteles cinco estrellas, ómnibus superpullman y comiendo jamón del medio estaba todo solucionado.

–Los partidos se ganan y pierden dentro de la cancha; esto es más viejo que el agujero del mate, ¿no?

–Exactamente. Acá lo que fracasó fue el proyecto deportivo. El que inauguraron con Daniel Alberto Passarella, que se llevó casi dos millones de dólares por dirigir un partido y entrenar cinco días por mes. Ahora le quieren pasar la factura al gordo Púa que lo único que hizo fue ponerle el pecho a la balas, cuando la chance de Uruguay ya estaba recontra comprometida. Pretender responsabilizar a Púa de la casi segura eliminación es no reconocer la realidad.

–Perdóneme, Troquílido pero, ¿ los dirigentes qué decían anoche en la Asociación?

–Estaban muertos. Los que pusieron la cara, estaban muertos.

–¿Los neutrales fueron?

–Según confirmó El Picaflor, los dos que pusieron la ñata ayer, que fue un día de duelo para el fútbol uruguayo, fueron el presidente Figueredo y el contador Humberto Capote. Lo del number one merece una nota aparte porque apenas pisó el avión en el Aeropuerto de Carrasco, se dirigió a su despacho de la calle Guayabo. Uno puede discrepar mil veces con el hombre pero nadie puede dejar de reconocer que le puso el pecho a las balas.

–Lo que pasa es que el presidente de la AUF, es un dirigente profesional. Es el único profesional que tiene el fútbol uruguayo. En ese aspecto hay que sacarse el sombrero.

–Figueredo marcó tarjeta y dijo presente; mientras otros que también debieron estar, prefirieron refugiarse en el silencio de sus hogares. Lo que no saben es que la historia, llegado el momento, igual los va a juzgar. *

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