Tiempo de cambio
Si usted amigo lector sigue nuestro pensamiento con respecto a la realidad del fútbol uruguayo no se sorprenderá al leer esta nota. Los uruguayos somos proclive, luego de acontecidos los hechos, a decir que si se hubiese realizado tal o cual cosa diferente habría salido bien la situación del momento, y concretamente en el caso del fútbol a creer que el que no juega es el mejor. Desde el mundial del 74 estamos pidiendo cambios, pero la realidad es que nuestra idiosincrasia hace que no podamos cambiar nuestra manera de ser.
Desde que nuestro fútbol se privatizó, y usted de pronto dirá que no tendrá nada que ver con el resultado ante Venezuela, pero desde ese momento, paso a ser un negocio económico que manejan pocos, se vuelven millonarios algunos y hace que el fútbol sea cada vez más pobre.
La selección como base operativa económica
Sin dudas que los que manejan la organización de la selección –y no sólo deportiva sino también en toda su estructura–, han utilizado la selección como muestrario para vender jugadores. Para que éstos cumplan con el requisito de las presencias necesarias en la selección que se necesita para poder fichar en los principales equipos de Europa, determinó por ejemplo que en la era Passarella pasaran setenta y pico de jugadores. En la «era Púa», fueran a la Copa América determinados jugadores que sin lugar a dudas cumplieron con creces y merecían no sólo estar en el grupo sino incluso ser titulares.
Entendemos que para los «seudosconsagrados» que hoy son titulares en nuestra selección pero que en sus clubes en el viejo mundo, no sólo no juegan sino que ni los tienen en cuenta, es tiempo del retiro. Recoba, Montero, Méndez, Zalayeta, Olivera, y habría que agregarle que tenemos un golero que sólo juega en la selección, porque ni equipo tiene.
Pero lo peor es la actitud de los jugadores «consagrados». Es cierto que se les ha dado todo, hoteles cinco estrellas, aviones charters y hasta personal de seguridad, porque son tan «estrellas», que no se pueden codear con el resto de los mortales.
La falta de contracción a la causa, de humildad y de raciocinio sobre la realidad de nuestro país, hace que pensemos en un cambio total.
Nuestro país está pasando tal vez la peor crisis socioeconómica de la historia y de las pocas alegrías que podemos tener es, precisamente, la de un triunfo de la celeste en cualquier disciplina deportiva, pero la máxima es el fútbol. Los jugadores que hoy triunfan en lo económico –porque en lo deportivo nadie sobresale–, le están tomando el pelo a todo un pueblo.
Confío plenamente en Víctor Púa. Recuerdo que en una nota, hace poco tiempo pedíamos lo mismo que ahora, que él y sólo él elija a los indicados a jugar por nuestro país. Que se acabe la injerencia de los empresarios, y que los jugadores se «ubiquen», que si llegaron a alguna parte, es porque desde las inferiores hubo espectadores que los siguieron y apoyaron para que llegaran a lo que es hoy. Hace mucho que esto debería haber cambiado. Muchos lo piensan pero no se animan a decirlo, generalmente porque tienen alguna razón de peso, llámese dinero, pero no da para más. Aún dependemos de nosotros y esta vez sí que es la última oportunidad. *
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