¡FELIZ CUMPLE!
por Ruben Vázquez Falchi
He presenciado un largo desfile… 20 años de jugador, 15 de técnico, 50 de periodista me habilitan a sentir como propio y profundamente este festejo de los 85 años que la Federación Uruguaya de Básquetbol cumple el próximo 19 de marzo de 2000.
Como participante activo de esta farándula que nunca tendrá fin, he disfrutado de momentos maravillosos y de amarguras dolorosas que sirvieron para ir formando un cimiento firme para aprender a enfrentar los avatares de este tránsito vital y en definitiva abrazar la causa del básquetbol con la pasión que los hombres debemos saber poner en las cosas que queremos.
Este deporte del básquetbol en nuestro país se fue forjando mediante el esfuerzo, por momentos increíble, que desarrollaron y continúan desarrollando los clubes que forman la FUBB. En 85 años, ¡si se habrán enfrentado problemas de toda índole!, desde los generacionales hasta los económicos, de los deportivos hasta los institucionales. Pero siempre primó el tesón y el ingenio, la fuerza avasallante del querer hacer siempre más y mejor y lo que sabemos que no se puede conseguir de un día para el otro, fue más un acicate que un desaliento. Es que el esfuerzo aislado, que no sirve, encontró en un hogar común la generación fervorosa de quienes, abrazando la misma fe, hicieron posible logros deportivos que van más allá de nuestra pobreza demográfica o de nuestra humildad que nos honra.
Pero seríamos injustos si tan sólo tomáramos los resultados deportivos como elemento de juicio de una trayectoria que estimo brillante. Quizás el gran equilibrio del esfuerzo que se realiza no va a estar nunca reflejado ni en estadísticas, ni promedios, ni porcentajes. Ese quehacer social que no conoce pausas, ese rescate de nuestra juventud para formar parte de una sociedad de mutuo respeto, ese no desfallecer en la intención de formar mejores ciudadanos para un país mejor, estoy seguro que tiene su compensación en el regocijo íntimo de quienes porfiadamente y sin ostentaciones realizan en cada segundo, cada minuto de cada día, el silencioso sacrificio de dar sin esperar. Nuestra alegría del festejo de hoy no debe hacernos caer en el error de medir el porqué, el cuándo y el cómo al amparo de triunfos y derrotas. Sin menoscabar su importancia, debemos defender a ultranza que la causa del deporte va mucho más allá. Llega hasta la esencia del hombre mismo, que da lo mejor de sí para formar algo mejor.
¿Se puede mejorar? Por supesto que sí. Debemos luchar para mantenernos vivos y seguir ansiando un futuro promisorio, ya que el hombre no muere cuando exhala su último suspiro. Comienza a morir cuando baja los brazos y piensa que ya ha hecho su último esfuerzo.
Pero la lucha no debe ser una repetición de errores o embestir con los ojos cerrados. Siempre es bueno revisar el pasado y aprender a extraer de él las enseñanzas que luego nos servirán para caminar más seguros en un presente que debe ser el trampolín para un futuro que todos los seres humanos debemos anhelar mejorar en la medida de nuestras posibilidades. Esto es así para el simple ciudadano como para las más encumbradas instituciones.
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