El libro del Picaflor
–Picaflor, ¿qué sabe usted del episodio que salió publicado en la víspera que puso en peligro el viaje de Púa a Colombia?
–El hecho ocurrió y la versión periodística de los colegas se ajusta a la verdad. ¿Usted recuerda que hace unos días LA REPUBLICA publicó en esta misma página el tema de los premios de los futbolistas?
–Al final hubo acuerdo, ¿no?
–Hubo. En ese mismo informe, adelantamos el monto de los premios que iba a percibir el técnico Víctor Púa en la Copa América y expresamos que el entrenador exigía a los miembros del Consejo Ejecutivo que lo estamparan como un anexo de su contrato.
–¿Y?
–El martes, los neutrales no cumplieron con el pedido de Púa y éste amenazó con no viajar por considerar que no tenía las garantías contractuales para dirigir a la Selección en la Copa América. Un reclamo justo si se tiene en cuenta que en la AUF lo único permanente son los cambios y Púa podría verse afectado en el futuro si no documentaban los premios acordados en forma verbal. El técnico tenía sobradas razones para exigirle al Ejecutivo formalizar el acuerdo en un papel porque, hace dos años que le deben los premios de la Copa América de Paraguay y una de las dificultades que ha tenido en entrenador es que los mismos fueron un acuerdo verbal.
–¿Todavía le deben a Púa el premio de la Copa América de Paraguay?
–Sí señor. Los lectores de LA REPUBLICA ya estaban enterados de este dato porque fue publicado hace 72 horas. La AUF le adeuda a Púa U$S 40.000 por el vicecampeonato de la Copa América de 1999 y U$S 20.000 al Prof. Jorge Franco que era el preparador físico del equipo. La precisión es oportuna porque el malestar de Púa no radicaba en el monto de los premios –serán los mismos que los de la Copa América de Paraguay– sino en la informalidad con que el Consejo Ejecutivo quería abordar el tema.
–En otras palabras, Púa quería documentar el fruto de su trabajo.
–Una aspiración legítima de Púa que, como cualquier trabajador del fútbol, sabe que su profesión es zafral pero que es consciente que ante un traspié, no está salvado económicamente todavía porque es un tipo joven y otros, con mucho más plata que la que ganó él en cinco años, se pelaron en un par de almanaques. ¿Sabe cómo le dicen los dirigentes a Púa?
–Como decía el finado Chiarino, no tengo conocimiento.
–A Púa le dicen «El Pesero», porque dicen que siempre está reclamando por el pago de sus salarios, premios, etc.
–Y si no reclama él, ¿quién lo va a hacer?
–¡Por supuesto! Ocurre que hay gente que trabaja en el mismo entorno de Púa que se encarga de llenarle la cabeza a los dirigentes y en vez de destacar los resultados de su trabajo, resaltan otras facetas de su trabajo.
–Resulta extraño que Púa no sea representando por el grupo Casal a la hora de arreglar sus contratos, ¿no?
–La verdad que su suspicacia es finísima…Esa misma reflexión hizo el plumífero cuando vio el lunes ingresar a Púa a la AUF para arreglar el premio de la Copa América. Esto demuestra que el técnico de la Selección nacional, no es dependiente del zar del fútbol uruguayo como mucha gente sospecha. De lo contrario, en vez de haber ido él a la guerra con el Ejecutivo el lunes pasado, hubiera mandado a su representante o a un allegado al grupo Casal para que le solucionaran el tema. Esto confirma que Víctor no está comprometido con el zar como muchos piensan y confirma que el incidente del sombrerito de Ancap, dejó secuelas. *
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