Púa, otro triunfador

En el comentario del partido destacábamos ayer la actitud del equipo uruguayo, la entrega de todos sus hombres, el rendimiento excepcional de los defensores y volantes, en fin, los elementos que a nuestro juicio fueron fundamentales para la trascendente victoria obtenida a expensas de un Brasil que vino con todas sus figuras estelares.

Seríamos injustos si no agregáramos a los aspectos positivos de la actuación celeste la planificación hecha por el técnico Víctor Púa. Luego de todas las vicisitudes padecidas por lesiones y enfermedades, y a la duda que se mantuvo hasta último momento sobre si podría contar con Montero y Darío, armó una estructura sólida, compacta, que sorprendió a los norteños. Méndez fue ayudado siempre por Romero en la derecha, los zagueros centrales rodearon a Romario, De los Santos fue sobre Rivaldo mientras García se ubicó en la izquierda. Pensamos que en la ubicación del «Canario» estuvo la dificultad en el control de Juninho Paulista, que siempre recibió solo y con muchos metros para picar en velocidad y hacer valer su dribling en carrera. Guigou entonces –de gran labor con la pelota– se las vio con el pequeño volante del Vasco da Gama y con las subidas de Cafú, que varias veces lo tomaron 2 a 1. De todos modos, el problema, que recién se arregló definitivamente cuando entró Lembo en la parte final del encuentro, no pasó a mayores porque los compañeros de Juninho fueron totalmente anulados y, además, ninguno se mostró para recibir el balón de su compañero.

El ataque se realizó con pocos hombres, pero la clase discontinua de Recoba y el tremendo esfuerzo físico de Magallanes y Silva hicieron que se crearan tres o cuatro situaciones claras mientras del otro lado Brasil no nos llegó nunca con claridad.

Púa fue un gran triunfador porque también hizo los cambios en los momentos apropiados, demostrando un poder de respuesta inmediata a las variantes que pretendía imponer Scolari procurando anular la ventaja compatriota.

El gol que no fue

Rivaldo ejecutó un tiro libre y la pelota fue «embolsada» por Carini con sus pies y parte del cuerpo dentro del arco.

Los brasileños pidieron gol, el juez escocés miró a su compañero de la Olímpica que no marcó nada y el juego siguió. ¿Fue gol?, ¿toda la pelota pasó la línea del arco? Las tomas televisivas parecen indicar que sí, pero en realidad nadie puede estar seguro, como tendría que haberlo estado Hugh Dallas para conceder el tanto.

Es sabido que en una determinación tan importante como la concesión de un gol, tanto el juez como su asistente deben tener la convicción absoluta que el mismo se haya producido.

Los brasileños se quejan, olvidando las innumerables veces que los arbitrajes los han favorecido. A llorar al cuartito. *

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