El blooming pudo ser un alerta

Pasó el Blooming por el Centenario y dejó preocupaciones varias. Más allá del resultado que, obviamente, es lo que en definitiva termina escribiendo la historia, porque si Peñarol sigue creciendo en la Copa este partido será sólo una anécdota y tendrá el trascendente valor de los tres puntos obtenidos.

El hecho puntual, la referencia ineludible es cómo jugó Peñarol. Que mejoró con respecto a lo que venía haciendo es cierto. Que le faltó Bengoechea y a esta altura de los acontecimientos nadie, puede, ni debe dudar de la trascendencia del riverense en el equipo, es cierto. Que debió jugar parte del segundo tiempo con 10 jugadores, es cierto.

Pero Peñarol sigue sin gustar, sigue sin mostrar una «idea futbolística» clara, terminante. Se mueve indefectiblemente a impulsos individuales y lo van sacando adelante la jerarquía individual de alguno de sus futbolistas, como Cedrés, el «Gato» Romero o el propio Luis Romero a pesar de su expulsión.

El aurinegro sigue con dificultades en el trato del balón. Sigue inclinado al pelotazo y fundamentalmente tácticamente estructurado como un equipo contragolpeador. Una actitud que a los hinchas de una institución grande, no les agrada mucho.

El equipo sigue siendo especulador, con distancias enormes entre los volantes que se repliegan sobre la línea de fondo y los delanteros de punta.

Claro, me van a decir que ese sistema le ha dado grandes resultados en los últimos años. De acuerdo, pero exclusivamente en el plano local.

«Somos un desastre pero ganamos y es lo que me importa», me comentó en el Palco VIP un alto ejecutivo de una multinacional. Y esa frase tiene una lectura entre líneas que no agrada mucho.

Porque no agrada que aparezca un equipo boliviano (aunque tuviera cinco extranjeros) siendo protagonista en el Centenario.

No agrada verlo jugar de igual a igual y a nadie le gusta terminar con el corazón en la boca como terminó Peñarol

La otra preocupación que dejó el Blooming tiene referencia directa con la selección uruguaya. Este equipo fue armado por el técnico aragonés, desde hace muy poco nuevo técnico de la selección boliviana y uno debe pensar que esa actitud psicológica de este equipo, muy probablemente sea la misa de la representación del país.

El cambio radica en que esto puede ser un aviso. Que en el debut en las eliminatorias nos podemos llevar una sorpresa si dejamos hacer a los bolivianos.

Todos pensamos que Bolivia va a venir a cerrarse en el fondo, a amontonar hombres en su área. Hoy me cabe preguntarme si realmente será así.

Por lo pronto no sigamos pensando que son pan comido y que les tenemos que pasar por arriba. Las realidades suelen golpearnos crudamente en el rostro.

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