El libro del Picaflor
—Troquílido, no se imagina el revuelo que generó usted entre el «bolsaje» con la historia de ayer.
—Esto confirma que el episodio ocurrió y que se ajusta a la célebre frase del hidalgo caballero de la Mancha a su escudero Sancho Panza: «Ladran, Sancho…».
—¿Y para hoy qué tiene preparado?
–Una bomba que no es de nitrógeno, sino de chocolate. Imperdible.
—Cuente, cuente.
–Gran malestar causaron en el seno de la gremial de Audaf las declaraciones que hizo Gustavo Méndez ayer en LA REPUBLICA. En una extensa nota, dijo que el 60% de los asociados de la gremial están dirigiendo sin garantías, lo que molestó a los revolucionarios. Uno de ellos, le comentó al plumífero: «Gustavo (Méndez) va a tener que volver al liceo porque 66 votos en 109 son el 61% de los votos, por lo tanto. En el hipotético caso que sea cierto lo que él denuncia, los árbitros que estarían dirigiendo sin garantías son menos del 39%. Así surgió de las urnas. Además no es cierto que no haya garantías porque él sabe que en este momento, el Colegio de Arbitros está actuando bajo la presidencia de Figueredo. Por un lado dijo que Figueredo era la única persona que le daba garantías y por otro dice que el 60% no tiene garantías. La verdad que su discurso es incoherente, porque el mismo Figueredo que según él es la persona confiable, es el que hace las designaciones todos los miércoles en la AUF cuando sesiona el Colegio«, comentó el colega de Méndez.
—Dígame una cosa Troquílido, ¿qué transformaciones ha hecho el Ejecutivo desde que la Asamblea General le otorgó las potestades extraordinarias?
–Como el poema del inmortal Antonio Machado «verso a verso»… El Consejo Ejecutivo no ha tomado ninguna medida y Figueredo que siempre se jacta que él es un fenómeno, el número uno, que los demás son unos incapaces, no ha podido gobernar el Colegio de Arbitros. Es más, lo ha confesado a sus amigotes –amigo en realidad no tiene– y por eso está a punto de tirar la toalla.
—¿No me diga que Figueredo va a renunciar?
–Con el Colegio de Arbitros se entregó. La estrategia política de Nacional ideada por Della Valle y avalada por el resto de la directiva lo superó. El presidente de la AUF nunca sospechó que podía haber gente con más panorama de cancha que él. Figueredo sabe que si Nacional no se integra al Colegio de Arbitros –y esto no parece posible por lo menos hasta el inicio de la Copa Uruguaya– su cabeza pende de un hilo porque tanto Della Valle, como Ache, se lo expresaron en la cara: «El día que un arbitraje perjudique a Nacional, la primera cabeza que va a rodar es la tuya». Y como sabe que el mensaje se va a cumplir al pie de la letra si un árbitro tiene la mala suerte de perjudicar a los bolsos, el equilibrista no sabe qué hacer para contemplar a Nacional por un lado y a Peñarol por otro que lo está controlando con un radar de última generación. Como ausculta que el panorama está complejo, Figueredo está desesperado, buscando un chivo expiatorio para que agarre el hierro caliente del Colegio y de esa manera, salvarse del cadalzo.
—¿Y quién va a agarrar un hierro caliente?
–Mire, aunque usted no lo crea, Figueredo está negociando diferentes alternativas para zafar del Colegio cuanto antes. Resignado a que no siempre teniendo el poder se puede gobernar, está buscando una cueva para esconderse y pasarle la posta a otro. Acá, el que cantó la justa fue el prosecretario de Nacional, Daniel Barreiro.
—¿Qué dijo Barreiro?
–Figueredo pidió potestades extraordinarias para meterle una bomba atómica en el Colegio de Arbitros y lo único que hizo fue explotar una bombita brasileña (sic).
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