MORALES Y BENGOECHEA FUERON LOS MAS OVACIONADOS

Ribas remató dos veces: un micrófono y una botella de agua; terminó expulsado

Mientras no se sabe el resultado final que tendrá el partido, la fiesta es excepcional. Mucho color y alegría pautaron todo lo previo al gran encuentro clásico, aunque el balance es altamente positivo, ya que los incidentes al final fueron menores.

La gente desde tempranas horas, en cada barrio y cada pueblo de todo el país, vivió el ambiente a partido clásico.

Una hora y media antes del comienzo, en las cercanías del estadio, los colores tradicionales de los equipos ganaron cada lugar y la gente en una procesión lenta y alegre llegaba al Monumento al fútbol. Las pasiones se desataron dentro del mismo a través de cánticos, aplausos, insultos y silbidos.

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En cuanto al color de las tradicionales tribunas, Nacional mostró una mejor panorámica cuando ingresó su equipo, que fue el primero en saltar al campo. Una lluvia de serpentinas y una nube de globos recibieron a los albos. 15.000 globos regaló la directiva tricolor a sus hinchas y lo distribuyeron inteligentemente en la Colombes y parte de la Olímpica. En el primer anillo entregaron los de color rojo, en el segundo blancos y en el tercero los azules, formando la bandera del equipo. Fueron al aire cuando Vanzini asomó por la manga desde los vesturarios.

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Cuando el ingreso de Peñarol, una nube color naranja de las bengalas cubrió un amplio sector de la Amsterdam, pero la diferencia la marcó con el ruido de la cohetería que recibió al equipo. Muy superior a la del tradicional rival. Indudablemente los muchachos aurinegros fueron bien provistos de fuegos artificiales.

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La hinchada tricolor expresó su amor por Richard Morales cuando por los altavoces se dio su nombre en la alineación. Un cántico con su sobrenombre recorrió las tribunas.

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Los uruguayos tienen un humor muy particular y los hinchas un ingenio tremendo. El segundo nombre más aplaudido luego de Richard Morales, por los parciales tricolores apostados en la Colombes, fue el de Julio Ribas, director técnico de Peñarol. Vale recordar que la parcialidad aurinegra generalmente lo silba. Luego de esta victoria clásica, sumado a la punta del torneo en forma solitaria, veremos cuál es la reacción aurinegra en el próximo partido.

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En cuanto al humor de la hinchada de Nacional, apareció en la Colombes una pancarta que decía: «Liverpool – Iasa 1.100 entradas, Manyas – Vasco 780″. Una clara alusión a los pocos que concurrieron al partido de la Libertadores.

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La otra gran pancarta que se destacó entre los tricolores fue la que pedía «Justicia por la muerte de Maximiliano Díaz». Incluso luego de finalizado el encuento se quedaron prácticamente solos en la tribuna para que todos la pudieran leer.

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Prácticamente un lleno total tuvo el Estadio Centenario, sólo unos claros en la platea Olímpica y tribuna América. Cerca de 52.000 espectadores concurrieron al partido de un total de 47.800 entradas vendidas.

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Hablando de carteles, contundente fue el que apareció en la Amsterdam entre los hinchas de Peñarol que decía: «Manteca traidor» en clara alusión a Sergio Martínez, quien jugó con los aurinegros y ahora defiende a Nacional.

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Que el técnico de Peñarol, Julio Ribas, es un hombre temperamental, nadie lo duda y ayer demostró que los nervios lo ponen al borde de la locura. En determinado momento ordenó el cambio para que ingresara Fabián Césaro. Cuando estaba a punto de entrar, en el campo el árbitro pitó una falta a favor de Peñarol, ideal para que rematara Bengoechea, que era el candidato a salir. Entonces Ribas llamó a Césaro para que esperara. Luego un corner también a favor y el cuarto árbitro Fernando Cabrera levantó el número del cambio, Ribas enloqueció pidiendo que no entrara para que el capitán enviara el centro. Cabrera y Cresci, el línea, se enojaron con el técnico y entonces mandaron al jugador a que se pusiera el buzo si no iba a entrar. Ribas, enojado con la discusión con los árbitros, encontró en el camino una botella de agua y levantó «un centro» que salpicó a todos los que estaban cerca. Pero la historia no quedó ahí, pues cuando restaba un minuto para el final, el árbitro Cresci levantó el banderín y llamó a su colega Vázquez para denunciar al técnico aurinegro, que fue expulsado del campo. Indudablemente, por algún comentario realizado. Otra vez la ira apareció y esta vez arremetió a puntapiés con un micrófono de la televisión que estaba en las cercanías. Miró los últimos minutos desde la platea realmente alterado.

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Cuando Fabián Césaro ingresó por Pablo Bengoechea, una ovación bajó desde las tribunas para despedir al capitán aurinegro, que logró un nuevo récord en materia de clásicos, al completar los 29 encuentros.

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Al final del partido, el festejo fue mirasol, y por varios minutos la tribuna Amsterdam permaneció de pie cantando y celebrando la victoria obtenida.

Antes los jugadores fueron a ofrendar el triunfo y a descargar la alegría con la popular hinchada.

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