¡Chau, Gaby!

por Hebert Rodríguez Diago y Básquet Caliente

Los hombres inventamos nuestra propia muerte y muchas veces la usamos para torcer a la naturaleza sin dejarla cumplir su ciclo. Así fue cómo Gabriel Ratto falleció y es una verdadera tragedia para su familia, amigos y conocidos.

Luchador incansable, buscavidas, intentando siempre tener bien a los suyos y a todo lo que amaba.

Al «Flaco» Ratto, como le decían los amigos en sus tiempos juveniles, el ímpetu que lo caracterizaba lo llevaba a querer cambiar el mundo y todo lo que lo rodeaba. Joven inquieto y de principios, organizador nato, en el grupo de amigos, en el trabajo.

Su pasaje por el periodismo permitió que lo conociéramos cuando su pasión por la camiseta de Nacional se traslucía «a voz en cuello». Cargado de bolsos, cortaba la recorrida diaria por las oficinas para despuntar la vocación periodística en la vieja y querida radio CX 44 Panamericana.

Se crió jugando al básquetbol, cuando de pequeño su padre lo llevó a cada partido de Las Bóvedas, y por la Aduana su sonrisa y su voz cascada eran archiconocidas.

No faltó un fin de semana en el Estadio, donde lloró muchas veces por su Nacional, algunas de bronca y otras de alegría. En su corta vida nada le arrancó más lágrimas que la casaca tricolor, a la cual amaba. Bastaba entrar en su casa para comprobarlo. Parecía que se ingresaba a la sede.

Fue madurando, creciendo, forjando su vida, tomando decisiones para estabilizar a su familia y descubrió que el periodismo no era tan importante. La pasión pudo más que la vocación y volcó todos sus esfuerzos militantes al club de sus amores, amalgamando las dos cosas que más quería: el básquetbol y Nacional. En poco tiempo se transformó en un joven y emprendedor dirigente que se fue ganando el respeto de sus colegas y la amistad de los que lo conocían profundamente. Tanto metió que llevó, junto a sus compañeros, al Club a Primera luego de muchos años.

Extremadamente optimista, jamás bajó sus brazos para pelear contra la adversidad. Hombre de espíritu contagioso, comenzaba cada día con ganas de vivir y hacer.

Gabriel Ratto se encontraba en uno de los mejores momentos de su vida y disfrutaba de lo que construía cada día con su habilidad fenomenal para inventar cosas que le permitieran tener bien a los suyos.

Un accidente lo sacó sorpresivamente de la cancha, justo cuando convertía el triple que tanto había esperado.

Ahora faltará su voz ronca en la cancha de básquetbol, en el Estadio, en la calle, en la esquina y en el café que tomaba con los amigos para hablar de fútbol todos los lunes.

A sus padres, hijos, familiares, compañera y amigos, nuestro abrazo dolorido y de todos los que integramos el staff deportivo de LA REPUBLICA. Desde hoy, cada vez que debamos escribir sobre su club, nuestra pluma se detendrá por unos segundos para permitirnos recordar al «Flaco», un amigo de ley.

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