La realidad que no se conoce
En el fútbol uruguayo se dan situaciones, circunstancias muy particulares que, en general pasan desapercibidas para el gran público.
Se habla mucho del dinero que gana fulano, mengano o sultano, sea futbolista o entrenador, pero no se habla nada de los años de penurias, de sacrificios increíbles que deben realizar la absoluta mayoría de ellos para acceder a esos logros económicos.
Conozco algunos casos puntuales que bien vale la pena que tomen estado público. Porque, por ejemplo, nadie comenta que los futbolistas de Miramar, cuyos salarios, en muchísimos casos no superan los doscientos dólares y además deben soportar varios meses de atraso, tres veces por semana inician los trabajos de musculación a las 6 de la mañana en el Club Biguá.
Ese día además tienen doble jornada porque por la tarde tienen entrenamiento de cancha. Para poder llegar al Biguá a la hora establecida hay muchachos que salen de sus casas a las 4 de la mañana.
Lo que sucede es que en ese horario Miramar puede utilizar las instalaciones del club sin costo puesto que es antes que comiencen a llegar los asociados.
Sin embargo la inasistencia es cero. Todos cumplen con una sonrisa en los labios las obligaciones establecidos. Su verdadero alimento es la esperanza, la ilusión de un día poder pegar el salto, aunque sepan que sólo una minoría podrá cumplir con sus deseos. Pero hay muchos más ejemplos, como las cooperativas de futbolistas que se arman para poder ir a los entrenamientos.
¿Cómo? Muy sencillo el que tiene auto realiza un recorrido que le permite recoger en su camino a tres o cuatro compañeros que de esa manera se ahorran el dinero del ómnibus. En estos días se dio, incluso, que la cooperativa se debió armar para poder ir tres futbolistas a reunirse con el presidente del club donde están practicando a arreglar sus contratos.
Es más, en este caso, el club que tiene un presupuesto fijado y que desea cumplirlo a rajatabla no podía cumplir con las exigencias económicas de los tres futbolistas. Las opciones eran o dos futbolistas con los sueldos que pretendían o los tres con una rebaja sensible; y los jugadores optaron por la posibilidad que les permitía tener trabajo a todos.
Esta es la realidad que no se ve, que, en términos generales no se conoce o, por lo menos no se habla de ella. Esta es la franja real del fútbol uruguayo. En la que los cuerpos técnicos no perciben más de tres mil dólares por mes, en la que los futbolistas que ganan mil dólares son privilegiados.
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