Aquellos fueron los días
Eduardo Bonomi, actual ministro del Interior, titular de la cartera de Trabajo en el anterior gobierno de Tabaré Vázquez, ha llamado la atención por su veta futbolera supuestamente surgida con la euforia del Mundial disputado en Sudáfrica.
El Bicho, como lo conocíamos, siempre estuvo en el ruedo. De hecho fuimos compañeros en el amanecer de los ’60 integrando una banda inolvidable de Montevideo Wanderers Fútbol Club.
Jopo en riestre, no blanco en canas como en estos tiempos, solía mover la globa con precisión y certeza. Entreala dúctil, peón de brega y organizador de juego. Fuerte carácter y la impronta de una actitud similar, ya fuera un partido como una práctica, lo que suponía tomar recaudos, porque el Bicho no se andaba con vueltas a la hora de dividir con el rival de turno.
Introvertido y solidario, era número puesto a la hora de compartir desde el jabón a la toalla o algún refuerzo de mortadela y queso.
Disfrutábamos de la maravillosa libertad que nos ofrecía el juego pero afuera también «nos comíamos la cancha» y creíamos que el mundo lo arreglábamos nosotros, peleando contra la inequidad y la injusticia.
Alfredo Corbo y Carlos Graña, entre otros, fueron compinches en aquel tránsito de nuestra vida que permanece indeleble en nuestra memoria.
Alfredito era todo un personaje. Lateral derecho y pico, recorrió el mundo y se sacó las ganas de hacer todo lo que quiso.
Carlitos tenía perfil intelectual. De entrada zurdo, con todo lo que ello implica, de arriba y de abajo. Con la pelota en los pies y sus ideas progresistas. Proponiendo, debatiendo, integrado como la mayoría de aquel plantel de quinceañeros, a las gremiales estudiantiles de nuestros respectivos liceos. Atento siempre a las necesidades del resto. ¡Vaya que era fermental aquel vestuario del Parque Viera!
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