La incógnita de siempre
Mañana sabremos si la Selección celeste sigue su lucha por la clasificación o si definitivamente se arrían las banderas y ya nos ponemos a pensar en la Copa del Mundo del 2006 en Alemania. Ya no sirven las especulaciones sobre si fulano debió ser citado o mengano no hizo méritos para estar en la nómina. Víctor Púa pondrá en la cancha a los once que entienda conveniente y detrás de ellos estará nuevamente la esperanza –tantas veces defraudada– de toda la afición deportiva compatriota.
No descubrimos nada si decimos que la empresa es muy complicada. Por encima que Chile esté prácticamente eliminado, no podemos olvidar que hace 60 años que no ganamos allí y que, por si eso fuera poco, salvo contra Venezuela, Uruguay no consiguió ningún triunfo como visitante, ni en la actual eliminatoria ni en la anterior.
Pero –siempre habrá un pero entre nosotros, generalmente para marcar defectos, pero a veces para infundirnos ánimo– la situación actual de los trasandinos, llenos de líos internos, y la determinación que muestran los muchachos celestes, que saben que el triunfo es vital e indispensable, hacen pensar que se puede sacar el resultado que todos pretendemos. La formación que seguramente alineará Víctor Púa, con Carini en el arco, Méndez, Lembo o Damián Rodríguez, Sorondo y Darío Rodríguez en el fondo, Pablo García y Gonzalo De los Santos o Guigou como volantes de marca, Olivera y Recoba en función creativa y Darío Silva junto a Magallanes de punta, muestra en lo previo un equilibrio en cuanto a las condiciones de sus integrantes que la pone en condiciones de concretar el funcionamiento que nos ha faltado hasta ahora.
Claro que para que eso suceda será necesario que, individualmente, las figuras de Olivera y Recoba, por ejemplo, lleguen al nivel que todos sabemos que tienen pero que no pudieron exhibir en lo que va del certamen. También será preciso que se actúe con corazón caliente y mentalidad fría porque es sabido que en todos los órdenes de la vida «el que se calienta pierde» y el fútbol no es ajeno a esa premisa. Ya vimos lo que sucedió en el encuentro contra Paraguay, cuando el descontrol ganó a los celestes luego del gol de los guaraníes. La garra y la valentía se demuestran de otra manera, metiendo, dejando el alma, trancando fuerte, pero de nada sirven los alardes de guapeza mal entendida, que sólo nos han originado dolores de cabeza y suspensiones absurdas.
Nunca es fácil jugar en Santiago, por peor que estén los chilenos, y ésta no será la excepción. Además, últimamente ellos muestran una agresividad inexplicable ante uruguayos y argentinos, un detalle que los muchachos de Púa deberán enfrentar con firmeza pero con la serenidad necesaria.
La de mañana puede ser la última oportunidad para los celestes. A esta altura, pese a las reservas lógicas derivadas de nuestro actual momento futbolístico, sólo cabe aguardar la reacción impostergable que nos permita seguir en la lucha peleando por la clasificación.
Que así sea.
Compartí tu opinión con toda la comunidad