Levántate y anda

Habitualmente, cuando falta el fútbol, el público neutral está condenado a la decepción. Pero a veces, lamentablemente pocas, la redonda revoltosa le tiende una mano a la emoción, se infla de adrenalina, se vuelve caprichosa, cambiante e incomprensible. Amplifica y silencia vuvuzelas, dibuja sonrisas y desahogos de un lado, tanto como prepara el cortejo para la inhumación, del otro.

Hoy Uruguay terminó su maestría en Johannesburgo e ingresa al doctorado. Ya contaba con un maestro dirigiendo desde el banco. Pero otro maestro, esta vez minuano, entregó la tesis dentro de la cancha. Cuando ya la aceleración cardíaca, la ansiedad incontenible, la presión entre dientes anunciaba la rapidez y la violencia, Abreu tuvo la calma para pinchar la pelota y volver a definir como ante Brasil en la Copa América. Suave al medio, picándola. Cualquier arquero que se quede la saca con el pecho y sale haciendo jueguito. Pero todos se desparraman hacia un lado y el balón entra manso y seguro.

Que faltó fútbol nadie lo duda. El maestro del banco lo reconoció con honestidad en la conferencia de prensa. El azar pudo dictaminar otra cosa, tanto como pudo finalmente la destreza y la serenidad en lo álgido. Aquella de la que adoleció Ghana, que erró tres penales sobre cinco ejecuciones. Los orientales supieron sobreponerse aportando una dosis de serenidad, como en aquel Maracazo del 50, a varias circunstancias desfavorables. Lesiones como la de Lugano, las suspensiones para el próximo compromiso, la expulsión y consecuente suspensión de Suárez o recibir un gol de una jugada aislada y carente de verdadero peligro en el último segundo de descuento del primer tiempo.

El comienzo de Uruguay fue discreto dentro de una situación controlada y podría haber desnivelado si hubiera tenido entonces la serenidad que mostró en las condiciones más difíciles. Como a los 10′ en el contraataque que podría haberse resuelto mejor que con Suárez tirando al arco con chances limitadas, si hubiera tocado atrás para la entrada de Cavani. O si la suerte lo hubiera acompañado en el 17´, cuando se construyó la mejor jugada de gol del partido hasta ese momento, cuando el arquero Kingson salvó un buen cabezazo de Cavani. Hasta el minuto 25´ Uruguay hizo un gran partido. Nuevamente el golero se lució sacándole una bolea a Suárez luego de una ingenuidad defensiva de los africanos desde un lateral. A partir de entonces, volvió a sufrir por aquellas dudas e introversiones que caractericé en el partido con Francia. Falló en lo que Uruguay no puede permitirse: perdiendo la pelota en el medio. A los 30´ Gyan se lo perdió luego de un contragolpe, justamente por una pelota perdida en el medio, aunque el juez no le cobró un foul a Suárez. Sin presión en el medio y sin la pelota, daba la impresión de que Uruguay sólo aspiraba a que terminara el primer tiempo. Eso no hizo más que agrandar a los ghaneses. A los 45´ ya hubo un aviso con una chilena que casi entra y luego un gol en el último minuto de descuento en una jugada en la que Muslera se desubicó, quizá por un amague de cabezazo. El tiro de Muntari prácticamente no llevaba riesgo.

El inicio del segundo tiempo tuvo características similares al del primero, pero más matizadas y con ida y vuelta. Hubo un probable penal a Cavani a los ´47, pero la luz roja siempre estuvo encendida. En el minuto 53´ Ghana regaló un contragolpe en mayoría numérica que desperdició Boateng. Sólo que esta vez la suerte acompañó la levantada obligada uruguaya con el gol de Forlán. Indudablemente bien pateado el tiro libre, recibió además la ayuda del arquero, que dio un paso hacia el palo de la barrera liberando el espacio de su propio palo. Una vez jugado en movimiento, a un arquero le es muy difícil volver.

Después del gol, la emoción fue protagonista del partido porque fue de ida y vuelta y daba la sensación de que cualquiera podía quedarse con la victoria. Ninguno de los dos supo capitalizar contragolpes muy favorables, especialmente Uruguay. En el suplemento pudo ser de Uruguay si el árbitro cobraba el penal cometido a Abreu. Pero también de Ghana, si Suárez no ponía la rodilla, la mano, el alma al fin, para sacar en la línea esa doble situación de gol cantado del último segundo, o si Ghana hubiera sabido ganar pateando bien un penal.

En Port Elizabeth no se recibió nadie sino que se enfrentaron los fantasmas del pasado. La verdeamarelha, con sus estrellas instaladas en Europa, se convirtió en un equipo europeo. Cianótico, azul de tanta falta de oxígeno. De defensa sólida, disciplina táctica, pero escaso de sorpresa, de estética y del ludismo mágico que supo caracterizarlo. El jogo bonito fue sustituido por el jogo pragmático, o no tanto. En esta copa, no obstante, Brasil se llevó un récord: el del anti fair play, ya que tuvo el máximo de tarjetas rojas y amarillas. Es desde ahora, entonces, la vermelhamarelha. Pero Holanda no es la naranja mecánica del 74 ni tampoco la que llegó a la final del ´78, que estuvo a un rebote en el palo de liquidar al anfitrión de la dictadura y quedarse con la copa.

Globalmente el juego fue muy pobre y con escasas emociones, aunque el primer tiempo favoreció ampliamente a Brasil. De entrada ya insinuó con el gol de Luis Fabiano, anulado por la posición adelantada de Dani Alves, que anticiparía el gol, ahora sí legítimo, aunque igualmente tempranero. Gran pase de Felipe Melo para Robinho entrando en diagonal solo. Robben debería haberlo seguido, pero hubo una responsabilidad inmensa de Van der Wiel, el lateral derecho, que se quedó. Sería bueno que Uruguay estudie estas debilidades, que no fueron únicas durante la primera mitad. En la única de Holanda en el primer tiempo Van Bommel entró sorpresivamente por izquierda, desde donde disparó al primer palo y obtuvo una excelente respuesta de Julio César. Brasil podría haber hecho un par de goles. Juan se lo perdió pateando desde el punto del penal donde se había quedado luego de un corner o en la gran jugada de Robinho por izquierda, de hecho la mejor de Brasil. De Robinho cayéndose, fue para Luis Fabiano, que la tocó de taco para Kaká, quien midió el espacio y su distancia con la pelota para tirarla a lo Messi o Suárez, con comba al ángulo en el segundo palo. Brillante estuvo Stekelemburg sacándola al corner con mano cambiada. Brasil llegó menos por el lateral izquierdo de la defensa holandesa pero pudo ser de Maicon con un bombazo al primer palo, bien resuelto otra vez por el golero.

Pero el segundo tiempo fue la contracara del primero. Gol estúpido de Holanda luego de un centro anunciado y controlable donde se molestaron entre Felipe Melo (autor del pase gol a Robinho) y Julio César y el centro terminó dentro del arco. Un Brasil sin reacción en el juego sólo atinó a un par de tiros desde afuera desviados. Y como si no fuera suficiente la defección brasilera, llegó en primer lugar el gol de la tibia Holanda en una pelota parada. Corner al estilo alemán con dos cabezazos en el área: Kuyt peinó en el primer palo hacia el centro del área y Sneijder la metió de un segundo cabezazo. Y en segundo término la tonta y justa expulsión de Felipe Melo. Pudo empatar Brasil en un corner o con algún pelotazo aislado. Pero no sólo no supo sobreponerse anímicamente sino que se quedó sin ideas y recursos. Sobre el final, lo tuvo Holanda de contragolpe dos veces ante la desesperación brasilera.

Es el Brasil sin Ronaldinho, sin verdadero enganche y generador de juego. Hay versiones de que las razones estarían centradas en distancias personales con Kaká. Pero el 10 ya no es el que fue en el Milan, el momento de su apogeo, sino el cuasi suplente de Ronaldo en el Real Madrid. Ayer no dio un solo pase gol y se limitó a patear al arco desde media distancia.

Para ir pensando en el próximo duelo, Uruguay tendrá tres bajas (sin contar la posible de Lugano) contra dos de Holanda (Van der Wiel y De Jong). Los naranjas se paran con el dibujo de moda de este campeonato, el 4-2-3-1. La línea de 4 es lo
más sólido pero no resiste el toque y la triangulación. Brasil la superó ampliamente en el primer tiempo. Con los dos del medio De Jong y Van Bommel (que estará ausente), volantes de contención por delante de ellos, se complementan bien. Es su punto más fuerte. De hecho, es una selección que lleva 24 partidos invicta. Adelante son muy previsibles: juegan con tres mediocampistas ofensivos, entre los cuales se destacan los de los extremos, Robben y Sneijder. Sobre ellos Brasil puso su marca más firme y los anuló sin problemas. Su delantero, Van Persie, ha sido muy flojo hasta aquí, pero puede jugar Kuyt de punta, que es algo más temible. Sin duda es un equipo sólido, defensivamente mejor estructurado pero sin vuelo ni sorpresa.

Lamento profundamente la ida de un sudamericano, aunque celebro mucho más el pasaje del otro. Pero en ese balance de uno y otro, Uruguay recibió un auxilio de la suerte. Holanda es mucho más previsible y limitada que Brasil. La hazaña de una final rioplatense está cada vez más cerca.

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