A LO URUGUAYO. SUFRIENDO, COMO SIEMPRE, LA CELESTE SIGUE HACIENDO HISTORIA

Uruguay con la suerte del campeón

Tenía que ser así, era obvio. Sufriendo, transpirando, con el corazón en la boca. Primero, los diez minutos más dramáticos que tuvimos en la Copa del Mundo, en los que comenzaba a desmoronarse el sueño celeste: corrían treinta y siete minutos de la primera parte cuando el capitán del equipo, el emblemático abanderado del fondo tenía que abandonar la cancha por una lesión en su rodilla derecha, debido a una caída fatal un par de minutos antes después de ir a buscar una pelota al área rival en un corner a favor.

Ya sin Godín desde hace un partido y medio ­pero con Mauricio Victorino siendo un titán en esa zona del campo­, el equipo charrúa se quedaba sin sus dos zagueros titulares, pilares de la cerrada defensa en el Mundial.

 

Apenas seis minutos después, varios corazones se paralizaron. En una pelota aérea dividida Jorge Fucile saltó tan alto como pudo mientras el jugador ghanés eligió agacharse y desestabilizar al lateral del Porto, que cayó literalmente «de cabeza» al suelo, obligando a una congelante torsión de cuello. El lateral zurdo quedó tendido inmóvil en el césped y su quietud hizo temer por la salud del hombre mucho más que por el estado del futbolista.

Afortunadamente, un par de minutos más tarde reaccionó, se incorporó y volvió al campo, para tranquilidad de todos.

 

Cuando más de medio Uruguay clamaba por que terminara el primer tiempo llegó el golpe de gracia africano, un remate que parecía no tener demasiadas pretensiones de Muntari desde muy lejos que hizo un raro efecto y terminó en las redes del arco celeste, justo a los 47′, redondeando diez minutos fatales.

 

Felizmente el complemento se abrió con el empate charrúa antes que el reloj diera su décima vuelta, e incluso nos dio nuevamente un respiro pese a algunos embates ghaneses al filo de los noventa minutos. Con la prórroga volvió ese sentimiento que no debería sernos ajeno, la angustia, el nudo en la garganta, las manos transpiradas, en varios avances rivales.

Un par de sustos pasaron, y cuando todo se encaminaba hacia los penales, una falta cometida en tres cuartos de cancha derivó en un centro que los defensas celestes nunca terminaban de sacar; dos veces consecutivas Jabulani pareció meterse en el arco de Muslera pero fue rechazada. Luis Suárez nos salvó del segundo tanto, con la pierna primero, con las manos después en una jugada muy rápida, pero el árbitro portugués sancionó la falta del salteño, le mostró la tarjeta roja y marcó el punto del penal.

 

Todos nos sentimos fuera del campeonato, por un momento. Había confianza en las manos del portero, pero la suerte parecía echada e injustamente debíamos despedirnos del Mundial.

Millones de maldiciones cayeron sobre Asamoah Gyan y surtieron efecto, pues elevó demasiado el remate que se fue al caño horizontal, para desazón de los africanos y locura celeste. Muchos pensaron/pensamos en aquello de «la suerte del campeón», que quizás esté de nuestro lado.

 

El tan repetido anhelo de ganar «de penal y en la hora» estuvo a punto de volverse en contra nuestra, pero el caño de siete metros y poco de largo del Estadio Soccer City terminó por darnos una chance más que los celestes aprovecharon, en su primera definición por penales en la historia de los Mundiales.

Uruguay tiene la oportunidad de regresar al Estadio donde se jugó el compromiso de ayer, que sin dudas es el máximo escenario de Sudáfrica 2010, ya que allí se jugará la final del certamen el próximo domingo 11 de julio.

Vale recordar que en ese escenario Sudáfrica se consagró Campeón de la Copa de Naciones de rugby, allí se jugó la pasada Copa de las Confederaciones, y allí realizó su primer discurso en libertad Nelson Mandela, en el año 1990.

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