Junto con el invierno
RUMBO A LA CANCHA- A.M LIBRE
Mañana comienza el invierno en nuestra latitud; debe ser sin duda, la peor época del año. Los días más cortos, poco sol o con poca fuerza, la lluvia y el frío el común denominador de los casi 90 días que dura la estación más difícil de sobrellevar, por lo menos a gran parte de los mortales que vivimos por estos lares.
Cruzando una parte del Atlántico, llegamos al continente negro, más precisamente a Sudáfrica, donde un grupo de uruguayos que hasta el momento ha hecho que el color cielo de nuestra camiseta sea tan límpido como el fútbol desplegado frente a los dueños de casa.
Que nuestro sol brille cada vez con mayor intensidad a la hora de jugar un partido de fútbol, y que el calor irradiado por allá, se traslade rápidamente para acá, para transformarse en una suave brisa de esperanza y anhelo dejando de lado por momentos ese frío y esa llovizna que nos señala que el señor invierno está llegando.
La Selección Nacional después de un comienzo dividido, se defendió bien, se llegó poco y prácticamente no se inquietó al golero francés, para que, frente a quien suponíamos debería -como dueño de casa- ser mucho más de lo que mostró este partido, confirmó que los uruguayos estamos en este mundo para hacer cosas que están reservadas para los elegidos. Primer campeón del mundo, primer campeón de clubes sudamericano
y mundial, hacer silenciar a miles de almas y transformar sonrisas en la triste mueca de la desazón, es parte de la historia futbolística que otros uruguayos han logrado y que con gran orgullo resaltan esas cuatro estrellas doradas en nuestra camisa color cielo.
Han pasado muchos inviernos por esta parte del planeta y los mundiales son en estos meses. Alternamos en la participación y salvo en el 70, que obtuvimos cuarto puesto, y en el 90 que pasamos a octavos, en los demás nos vinimos de una. Varias generaciones de algunos buenos futbolistas simplemente fueron…
Hoy la realidad, aunque apenas llevemos dos partidos jugados, parece marcar que este incipiente invierno, con sus días grises, tristes y noches casi eternas, nos dará el paso para que en nuestros corazones palpiten la esperanza, el deseo, el anhelo de poder seguir viendo a nuestra Selección jugar como lo hizo frente a los «Bafana Bafana».
Una redonda actuación que ha hecho y logrado que en cada uruguayo nazca aquello de…y si la sorpresa somos nosotros, los menos, lo gritan con un triunfalismo, muchas veces sin consistencia, los más, aunque los ojos demuestren el brillo de lo soñado, prefieren decirlo en voz baja.
Las dos cosas valen y al margen de lo que pueda pasar de aquí en más, este grupo de futbolistas, este cuerpo técnico han logrado que volvamos a creer en una camiseta celeste.
Pero además y que los pibes salieran a festejar un triunfo, como lo hicieron, con la frescura de la edad y la emoción que recorrió sus corazones y sentir el orgullo de ser uruguayos.
Lo lograron aquellos que están allá para alegría de los que estamos acá, y que este invierno que comienza mañana, con la participación de «la de todos» en Sudáfrica, haga que los días por estas latitudes se transformen en
cálidos y radiantes, que la lluvia no nos mojará, que el frío no se sentirá, que producto de buenas actuaciones volvamos a sonreír y escuchemos de los más veteranos, «vieron… donde juega la celeste… todo el mundo podrá apreciar que seguimos siendo los únicos que hacemos callar multitudes.
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