Son cosas de la vida
Por hoy dejamos de lado el análisis que estamos realizando desde esta columna, en cuanto a las falencias y mejoras que entendemos pueden apuntar a variar nuestro fútbol a nivel competitivo, porque ocurrieron otros hechos en los cuales queremos expresar nuestra opinión.
QUE EN PAZ DESCANSE
Damiani expresó que estamos a un paso del régimen amateur y que sigue preocupado porque la gente no va a la cancha entendiendo que el fútbol como espectáculo recaudador, no existe.
Damiani como otras tantas veces –inteligente y sagaz en esto del fútbol– busca conmover el ambiente y lo hace drástica y duramente. Tiene razón porque tenemos un fútbol donde los actores ganan menos pues se les redujo el salario –léase presupuesto con topes a partir de 2001–, sin embargo las canchas no tienen lugar para incluir más publicidad.
El torneo de la B –ridículamente denominado Segunda Divisional Profesional– retrasó el comienzo debido a que varios equipos, incluso de larga historia en nuestro balompié, no se presentarían.
De la integración queda poco y nada. Frontera no asegura su participación y del resto del país no aparecen nuevos candidatos.
Nosotros entendemos que la ausencia de público –factor primordial como forma de solventar los espectáculos en nuestro fútbol– cuenta con tres puntas que rompen los ojos y por allí se explica en gran parte parte la ausencia de aficionados: pobres espectáculos (incluye ausencia de figuras salientes), seguridad y economía.
Estos tres elementos forman parte de un gran abanico que merece un comentario más profundo.
Pero el tema es que no se hace nada por afrontar el problema desde un punto de vista racional para encontrar soluciones o al menos darle variantes.
Damiani fue crudo y compartimos su dichos porque tiene realismo ante todo, por aquello de que la verdad es la verdad y no lo que la gente cree.
DE PUNTA
Así está Peñarol, líder del torneo local. En dos fechas se fue arriba y se terminaron las críticas, los insultos de algunos hinchas y otras «malas yerbas».
Por razones históricas, de tradición, plantel, buenos salarios, concentraciones y cuidados –en definitiva no otra cosa que un equipo profesional–, definirá el año.
No tenemos la bola de cristal, pero no es raro que junto a Nacional y a alguno más que se pueda colar –por ejemplo Defensor– decidirán quién es el mejor del año.
BIENVENIDO
Cuando un equipo uruguayo pasa a otra etapa en un torneo internacional se debe resaltar. Nacional lo logró y con un gran aditivo porque ganó su último partido, de visitante y en la altura, la misma que los tricolores criticaron cuando no les fue bien.
El técnico insiste con repetir movimientos, asegurar la pelota, aplicar velocidad, movilidad y sorpresa y con eso, sale del común de nuestro chato panorama. Bien por De León y por los jugadores que se aplican y se esfuerzan por progresar. En definitiva, por nuestra mejor salud futbolística.
No quiero olvidarme de Jorge González, el técnico de Cerro que merece un aplauso por el empate con Nacional, porque hizo crecer sus acciones.
Quienes lo tildaron de suicida empiezan a mirarlo con otra cara. Muy bien por Jorge que junto a De León, Fossati y Beethoven Javier mantienen una línea por encima de resultados, apuntando a mejorar bastante un fútbol que camina sin rumbo conocido.
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