El libro del Picaflor

Picaflor, cuénteme, ¿qué pasó ayer de mañana en la sede de Rentistas?

–¿Usted quiere la versión dietética de los hechos o la real?

No, no, vaya al grano y cuente la posta.

–El hecho fue lamentable, desgraciado, muy agresivo y por casualidad no hubo heridos de bala.

Siga, siga.

–Los jugadores y el técnico Maneiro estaban en la parte del gimnasio, trabajando. Eran las 10 de la mañana aproximadamente. El informante del plumífero no tuvo en cuenta ese detalle porque las piernas le temblaban como vara verde y las manos se le movían más que a Mr. Parkinson, como dijo el contador Damiani.

¿Y?

–Abruptamente, llegó un vehículo en el cual viajaban cuatro personas, dos del sexo femenino y dos del masculino. Uno de ellos, hincha fanático de toda la vida de Rentistas, se dirigió hasta el lugar donde estaban los jugadores y los empezó a insultar porque no están ganando en el torneo Clasificación. Es un hombre de la casa, muy conocido, querido por los parroquianos que frecuentan la cantina de la sede pero que se pone muy pesado cuando toma unas copas de más… Molesto con los resultados del equipo, insultó a los jugadores y éstos se le vinieron arriba como leche hervida. En especial aquellos nuevos que no le conocían sus credenciales ni antecedentes dentro de la institución.

¿Y qué pasó?

–Cuando el iracundo hincha vio que se le venía el malón arriba y que le podían mover el esqueleto, peló el revólver de la cintura y fue la barredera… Los jugadores desaparecieron como por arte de magia y el hombre, blandiendo su arma de fuego, empezó a romper vidrios con la culata, a patear la puerta de las oficinas.

¡Qué momento, señores!

–El hombre, fuera de sus cabales, arremetió contra un fichero que estaba en la gerencia y con el fax y los dio contra el suelo. Nadie podía con él y nadie se animaba tampoco a contrariarlo por miedo a que disparara el arma y el mal fuera peor.

¿Hubo denuncia policial?

–No, señor. De acuerdo a lo que le comentaron al plumífero, no hubo ni habrá denuncia policial pese a que el responsable está totalmente identificado. Como ya le dijo El Picaflor, es un hombre de la casa, reconocido hincha de Rentistas, que quiere mucho al club pero que cuando se pasa en los caliboratos, es incontrolable. Los dirigentes, con más ascendencia, prometieron que van a hablar con él para hacerle ver el daño que le hizo al club, amedrentando a los jugadores y destrozando la sede y que con ese tipo de actitudes no le hace nada bien a Rentistas.

En una palabra, le van a dar un tironcito de oreja, como los niños que se portan mal en la escuelita.

–Exactamente… A los que vivieron ese mal momento no les dio ni para el papel higiénico. Según el testigo que le pasó el dato al Troquílido, fue necesaria la mediación telefónica de gente muy influyente en la actual estructura del fútbol uruguayo para que desistiera de su actitud belicosa y violenta. «Es un pesado, pesado. Que está jugado, no le importa nada, no le importa ir en cana por lo que es mejor hablar con él cuando esté fresco para que recapacite. Por la fuerza no vamos a lograr nada y el gran perjudicado va a ser Rentistas. Si lo denunciamos, lo procesan, en unos meses está suelto y va a venir por la revancha», le comentó el informante al plumífero.

Lamentable.

–Inadmisible.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje