El libro del Picaflor
–Picaflor; ¿qué me cuenta de la selección de Uruguay?
–Esa preguta formúlesela a los periodistas que están más empapados en el tema, como los colegas que trabajan en Pasión y están por dentro de la cocina de la selección. Ellos tienen privilegios, como compartir varias horas en la concentración previo a los partidos; ingresan a zona de camarines; no tienen veda para presenciar los entrenamientos, que les da mayor autoridad para opinar con rigor técnico. La opinión de El Picaflor en este caso poco importa porque es la de un hincha común.
–Pero igual me importa…Adelante, adelante.
–Nada nuevo bajo el sol. Jugamos el peor fútbol de Sudamérica; no tenemos jugadores de jerarquía, clase A (salvo el Chino Recoba que ha fracasado en las eliminatorias y Paolo Montero que ha dado más en la herradura que en el clavo) y ya estamos con una pata fuera del Mundial. Hay gente que durante más de diez años nos ha querido engañar diciéndonos que aquí hay súper jugadores súper dotados, fuera de serie, y los números dicen que todo eso es un verso. La mayoría son de cabotaje, de consumo interno. En la alta competencia, calientan banco. Esta es la pura verdad.
–¿Qué repercusiones hubo en la Asociación?
–Los dirigentes estaban muertos porque la derrota contra los paraguayos para ellos –que viven engañados con las fantasías del zar– fue un golpe durísimo. Hubo gente que ayer tuvo que asistir a la residencia de la calle Divina Comedia y dicen que allí el panorama era desolador. Aquellas topadoras –mandos medios– que se llevaban el mundo por delante unos meses atrás y apostaron todo al proyecto de Tenfield SA, liderado por Casal, Francescoli y Gutiérrez, están como la cantante Marta Sánchez.
–¿Como?
–Están «desesperados»… Lo que pasa es que ellos le pidieron a los contras que no se subieran al éxito cuando la selección clasificara para el Mundial de 2002 y ahora, de cara a los resultados, están como la mulita, buscando una cueva para esconderse porque saben que la afición deportiva no les va a perdonar un nuevo fracaso deportivo.
–Y los dirigentes, ¿qué dice?
–Comentaron anoche en el Consejo de Segunda División que Figueredo dijo en una charla informal en el estadio después del partido con Paraguay: «Y bueno, los dirigentes tenemos poco para decir. Acá los que tienen que hablar y encontrar las causas de la derrota son los entrenadores». ¿Qué me dice?
–Eso en la jerga hospitalaria se llama sacarle el c… a la jeringa, ¿no?
–En una organización seria, responsable, se le denomina lavarse las manos…
–¿Figueredo piensa que él no tiene responsabilidad ante el fracaso?
–De acuerdo a sus declaraciones, no. Ayer de mañana habló con el Toto Da Silveira y recurrió a un discurso que estaba más acorde al vicepresidente de la CSF que al presidente de la AUF. Los dirigentes deben saber que con las cartas arriba de la mesa no se pueden buscar excusas ni evadir las responsabilidades. Hay algunos que van a hacer lo posible de cargarle el fardo al «Gordo» Púa pero la gente sabe muy bien que cuando agarró el hierro caliente, Uruguay no estaba clasificado directamente para el Mundial.
–Che, qué olfatazo que tiene ese Passarella, ¿no?
–Un fenómeno. Sabía que no teníamos armas deportivas para ganarle a los paraguayos y se piantó…Pensar que renunció porque no le entregaron a tiempo a un tal Vicente Sánchez y ese muchacho no fue citado por Púa ni como suplente… Una joda fenomenal.
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