Por un triunfo impostergable
Por José Urruzmendi
Quizás como nunca un partido de fútbol adquiera por su propia dimensión un interés casi morboso para los que desean ver sucumbir a la celeste, perturbando como en las pasadas eliminatorias a los responsables de tomar las decisiones en este tremendo momento por el que transita nuestro popular deporte.
Llamativamente, en la era del señor Passarella nos atomizaban, continuamente, referenciando y poniéndole los cargadores a la gente para que concurriera a los partidos de nuestra selección. Desde la renuncia del laureado técnico, se ha decretado un silencio que seguramente se agudizará en caso de derrota. Imagino que un resultado positivo de nuestro combinado vendrá acompañado del eufemismo característico de estos padres de triunfos circunstanciales, que se adosan la responsabilidad de los mismos.
Contrariamente, manifestaciones atrevidas e irrespetuosas de que una cuarta división actual le ganaría al la selección campeona del mundo de 1950, distorsionan y predisponen a los jugadores de nuestra selección a un conocimiento cabal, de que la rica historia de nuestro fútbol juega en favor de ellos.
Quien escribe esta nota, debutó con la gloriosa camiseta de los milagros, coincidentemente frente al elenco guaraní y desde ese momento y para siempre, saltábamos a la cancha con el respeto por un rival que nos resultaba difícil.
Pero también con el convencimiento absoluto de que podíamos, siempre le dimos razón a la historia y a la cátedra. Tengo la sensación de que otra vez más, Recoba y compañía incorporarán a los viejos duendes celestes, para consagrarse y darle a toda una afición anhelante un triunfo, que los pondrá de cara al próximo mundial de fútbol.
En lo estrictamente futbolístico suponemos que el entrenador de nuestra selección presentará un equipo que en lo previo entusiasme por su propuesta ofensiva. Si los combinados se integran y disponen de las ventajas de convocar a quienes realizan su mejor exaltación fubolística, en los momentos precisos de la competencia en cuestión, los nombres de Darío Silva y el Chiqui Pandiani cautivan e ilusionan en la misma proporción. Formando una dupla ofensiva con características específicas para esta clase de partidos, donde se adecuan perfectamente a la forma y necesidad del momento.
La firmeza y categoría del capitán, Paolo Montero, la confirmación de un «centre half» a la uruguaya, Gonzalo De los Santos y toda la magia del «CHINO» le darán el equilibrio a un conjunto que debe encontrar su identidad táctica sin más dilaciones.
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