Gabriela Goicoechea, una jocketa platense que ganó 30 carreras, y va por más…

La Plata — La sencillez de Gabriela Goicoechea queda al descubierto en sus palabras, en sus actos. Hija de un senador provincial, se crió en General Lavalle, donde nació hace 28 años, y soñaba con ser veterinaria. Allí montó caballos de andar en el campo antes de armar las valijas con destino a la capital bonaerense, para emprender sus estudios terciarios, aquellos que abandonó en tercer año, cuando creció repentinamente su interés por las carreras.

«Yo amo a los caballos desde chica, pero jamás pensé que podía ser jockey. Sabía algo de los pura sangre porque mi padre tenía dos que cuidaba aquí, pero sólo los veía cuando corrían. La verdad es que no me despertaba mucho interés», revela la amazona, egresada hace dos años del Centro de Capacitación platense y, paralelamente, con el título de técnica en hemoterapia, tras dar un golpe de timón a su idea original.

­¿Dejaste veterinaria para ingresar a la escuela de jockeys?

­Me fueron entusiasmando las amistades; también el entrenador Aldo Pappaterra y cuando me quise acordar estaba inscrita. Mis conocimientos no eran demasiados, pero allí aprendí de todo.

­¿Te costó?

­A mí se me hizo fácil por el amor que le tuve siempre a los caballos. Es distinto andar en un petiso o en el campo que salir a competir, pero mi objetivo a los 22 años pasó a ser estar en las pistas, y felizmente pude concretarlo.

­¿Tu familia se opuso?

­Nunca me lo manifestaron. Sí tenían los miedos lógicos porque es una profesión riesgosa, pero me acompañan siempre y me alientan a seguir creciendo. Me gusta tanto entrenar cada mañana y correr, que ahora si no tengo la posibilidad de hacerlo no sé qué haría.

­¿Qué balance hacés?

­Estoy conforme. Ya gané casi treinta carreras y tengo otros tantos segundos puestos. No resulta sencillo competir frente a tan buenos pilotos, pero cuando el caballo que corro tiene posibilidades, considero que puedo hacerlo rendir tanto como lo hacen los hombres.

Goicoechea vivió «una hermosa experiencia» semanas atrás en Monterrico, el Hipódromo que organizó un certamen exclusivo para damas.

«La invitación llegó a través de Carolina Zapata, la colombiana que está corriendo aquí, e incluyó a Lucrecia Carabajal. Además de nosotras participaron chicas de varios países», recuerda mientras hace una pausa en su trabajo de cada mañana en El Bosque.

«Quedé muy contenta con mi actuación. Llegué segunda en la carrera de 1.000 metros, a una cabeza, y también en la de 1.200. Y el caballo que, por sorteo, tenía que montar en la de 1.900 fue borrado», repasa Gabriela, que divide su labor en las mañanas entre el hipódromo de esta ciudad y el Campo 2 de San Isidro. Y anticipa: «La gente de allá quedó muy contenta y nos comentaron que el año que viene quieren repetir el torneo. Nos dijeron que el público aumentó respecto de otros domingos».

Para la joven que proyectaba su futuro como veterinaria, los animales siguen siendo parte de su vida. Sólo que va descubriendo los secretos de otra profesión, la de jockey, y en ella los caballos son sus socios, aquellos con los que mutuamente se guían.

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