LA HINCHADA AURINEGRA DIO RIENDA SUELTA A SU ALEGRIA
Peñarol sigue trepando en la tabla de posiciones y logró lo que hacía bastante tiempo no hacía: ganar tres partidos en forma consecutiva.
Los tres triunfos tuvieron una constante: en los tres partidos ganados jugó como titular el «Pollo» Olivera quien se transformó en un amuleto para los aurinegros.
La hinchada aurinegra demuestra una gran adhesión por encima de todos los contrastes que viene sufriendo el equipo en los últimos torneos. Ayer prácticamente llenó la Amsterdam con un colorido muy particular y con muchos instrumentos de viento y también con bombos que no pararon de tocar durante todo el partido.
También la hinchada de Rampla Juniors acompañó en buen número, se ubicaron en un sector de la Tribuna América y también le dieron un buen colorido con muchas banderas y con varios bombos que luego del segundo gol aurinegro dejaron de sonar en el Centenario.
Antes de comenzar el partido, varios jugadores de Peñarol se arrimaron hacia el banco de Rampla Juniors para saludar al técnico rojiverde Eduardo Del Capellán. El «Mono» fue ayudante de Jorge Fossati en varios equipos, incluyendo al propio Peñarol y la Selección uruguaya y por ello, varios futbolistas de renombre aurinegros fueron a saludarlo.
El primer tiempo fue muy parejo y con algunas jugadas muy duras, el argentino Alfredo Guevara tuvo un encontronazo con Darío Rodríguez y este último no aceptó la disculpa en primera instancia, luego de insistir el argentino, finalmente Darío, en forma muy correcta levantó su brazo dando por finalizado el insuceso.
La hinchada de Rampla Juniors expresó su malestar con el árbitro Roberto Silvera por no haber sancionado la falta previa al gol de Alejandro Martinuccio. El delantero argentino empujó al zaguero Benia de Rampla, quien a su vez se llevó puesto al arquero Lucero Alvarez provocando que el balón le quedara servido al propio Martinuccio quien liquidó las acciones.
Víctor Púa se ganó a la hinchada de Peñarol y también a los jugadores ya que se sienten descomprimidos por la presión que tenían cuando dirigía Julio Ribas. En las variantes se ve la mano del entrenador, en los últimos partidos siempre decide el reemplazo del «Pollo» Olivera para evitar una lesión con el antecedente de haberse desgarrado cuando todavía estaba Ribas como técnico.
Siguiendo con Víctor Púa, aunque lo mantiene en reserva, está muy contento porque su padre de 92 años es hincha aurinegro y de esta manera le pudo dar la alegría de dirigir a Peñarol, ya que no lo pudo hacer como jugador.
En la década del 80, cuando Víctor Púa retornó desde Mandiyú de Corrientes hubo un interés de Peñarol pero finalmente no pudo cristalizar el mismo.
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