La dirigencia con las manos atadas

Nuestro fútbol vive un difícil momento institucional.

Todo se discute, todo se reclama, y se busca obtener en las oficinas lo que se perdió en la cancha. No existe tema que no sea motivo de controversia.

Y, cuando en el medio de una polémica, está involucrado un grande, el tema se eterniza. En el Apertura 2008-2009, el tema Nacional-Villa Española ocupó durante más de dos meses las páginas deportivas de los diarios y cientos de minutos televisivos.

El reclamo por los tres puntos que viabilizaría la presencia aurinegra en la Liguilla es, desde hace un mes, y será por los próximos días, el tema que tiene jaqueado a los tribunales y dirigencia de la AUF. Siempre es importante que los temas jurídicos y reglamentarios, sean resueltos por los tribunales jurisdiccionales de la Asociación Uruguaya de Fútbol.

El problema que permanentemente está en tela de juicio es quién es el órgano jurisdiccional competente.

Tanto en el de Nacional-Villa Española como en el caso actual de Peñarol, se cuestiona, en definitiva, la imparcialidad o idoneidad moral de los juristas que deban emitir un fallo. Es increíble ver como se recusan permanentemente los integrantes de los distintos tribunales. Los reglamentos actuales, imprecisos y ambiguos dan pie a la situación actual. A su vez, y en esa crítica permanente que la opinión pública realiza de la estructura y planificación de nuestro fútbol, es necesario efectuar una puntualización. La Asociación Uruguaya de Fútbol tiene firmados contratos con la empresa Tenfield por los cuales se le garantiza a esta última determinada cantidad de fechas de competiciones y finales. El año pasado, la Asamblea de Clubes de la AUF nombró una comisión que trabajó en un proyecto que modificaba la competencia de la temporada, y su labor fue vetada por Tenfield, por entender que no respetaba lo pactado contractualmente. Es decir que, como dice el dicho: «de buenas intenciones esta empedrado el camino al infierno». Ahora se busca modificar lo que se acordó; «tarde piaste». La dirigencia está embretada, de adentro y de afuera, y está paralizada por lo contractual y lo reglamentario.

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