Fue la mayor derrota de la Selección uruguaya en la historia como local
No celeste, sino negra podemos decir que fue la tarde de ayer, ya que la derrota ante Brasil quedará enmarcada en la más triste historia del fútbol uruguayo, por ser, a nivel oficial, la peor de todos los tiempos y la primera de nuestra selección en el mítico Estadio Centenario.
Los cuatros goles concretados por los norteños son un hecho que hace tiempo no vive nuestro combinado en el máximo escenario deportivo de nuestro país. La última vez que los nuestros recibieron dicha cantidad de goles en una derrota fue ante Alemania en 1992 en un amistoso. Uruguay también recibió cuatro goles, pero en una victoria en la era Passarella cuando venció por 5 a 4 a Costa Rica.
Igualmente, el combinado dirigido por el maestro Oscar Tabárez no llegó a sufrir la peor goleada de la historia ante los brasileños, porque la misma se registró en 1944 en un amistoso realizado en Río de Janeiro cuando los nuestros cayeron 6 a 1.
Y los de Dunga, no solo ganaron, sino que además batieron los treinta y tres años que hacían que no ganaban en el Centenario, uno de los aspectos estadísticos más resaltados en lo previo.
Otros aspectos negativos que dejó el cotejo, en una tarde netamente olvidable, fueron la expulsión de Maximiliano Pereira por una patada violenta y la segunda amarilla que vio Sebastián Eguren. Ambos quedaron reglamentariamente sin chance de participar ante Venezuela.
El estadio se vio colmado en la víspera, donde una buena parte de la tribuna América contra la Colombes era de los parciales norteños. Unas cintas de seguridad y algunos efectivos policiales hicieron de separación y buscaron mantener la tranquilidad.
Previo al partido, ingresaron a la cancha Alcides Ghiggia y Juan Carlos González, dos de los campeones mundiales de Uruguay en 1950, quienes fueron recibidos con una ovación de parte de todo el estadio. Los mismos, además de observar el partido, estuvieron presentes como parte del programa de Fox Sports, «Somos Héroes», donde se narran muchas de las grandes historias del mundo del fútbol.
Otro que conoció el Centenario por primera vez en un cotejo de Eliminatoria, ya que fue debutante en estas lides, fue el árbitro argentino Saúl Laverni. El «pito», a pesar del nerviosismo que planteó el cotejo y las diferentes alternativas que se sucedieron, pasó en buena forma la difícil parada.
Previo al cotejo y como es habitual desde que se encuentra en uso la nueva pantalla del Centenario, la gente participó en forma entusiasta de las alineaciones, silbando primero a los once norteños, como al banco y a su entrenador, y aplaudiendo más tarde a los nuestros y con una cerrada ovación cuando nombraron a Forlán.
La cancha, tal y como lo había declarado Tabárez en lo previo, no mostraba su mejor estado, pero igualmente no fue motivo para que no se pudiera desarrollar un juego atildado por bajo como sí lo hizo Brasil.
Con los himnos, una de las ya clásicas tradiciones celestes volvió a mostrarse, con la aparición de la bandera de 1950 en la tribuna Olímpica y a su lado una con cuatro estrellas y una quinta por llenar con la leyenda: «la historia debe continuar».
Fue muy emotivo además el minuto de silencio que se realizó previo al partido por los fallecidos en el accidente protagonizado por el avión Air France desaparecido misteriosamente en el Atlántico seis días antes con 228 personas a bordo. El mismo fue acompañado con un aplauso cerrado de uruguayos y brasileños.
Ya con el partido iniciado, la primera jugada fuerte que se dio llevó a que Sebastián Eguren quedara sentido pero entendiendo el árbitro que no hubo infracción, por lo que el juego siguió. En pleno ataque, Kaká le pidió a Robinho que tirara el balón afuera para que lo atendieran, cosa que el norteño hizo sin dudar.
Con el partido en cero, los brasileños en la tribuna disfrutaban con el juego de su seleccionado y lo hicieron sentir cuando aún no habían transcurridos ni diez minutos de juego, pero con el toque del balón el popular: «ole, ole», bajaba de la América.
Y en forma similar a como sucedió en el Morumbí con Carini, un gol insólito sufrieron los celestes cuando Viera no pudo contener un remate de larga distancia de Alves. Esto trasladó todo el nerviosismo que se veía en la cancha a la tribuna, la cual nunca se pudo tranquilizar.
Este gol significó que Uruguay perdiera el invicto que mantenía en las Eliminatorias desde el partido que jugó el 14 de octubre del 2008 cuando en La Paz había quebrado el cero en la valla celeste el boliviano Marcelo Martins.
Con la llegada de más goles la tribuna brasileña no paró de festejar y fue cambiando sus cánticos de manera continua. Primero comenzaron con el de «pentacampeón», más tarde con el grito de guerra de «Brasil» y también coreando los nombres de algunos jugadores como Robinho y Julio Cesar.
La hinchada celeste en tanto fue mucho más crítica y empezó con los habituales gritos de : «pongan más h…», y más tarde eso se transformó en silbidos constantes ante cada fallo o error rival. Sobre todo los elegidos del público fueron Viera, Eguren y Suárez.
Con la desesperación del 4 a 0 en contra, una de las personas sentadas en el palco de prensa, enojada con el rendimiento de los celestes, sentenció: «y qué querés si son todos bolsos, con los de Nacional no podemos ganar. El único con pasado aurinegro era Pérez y lo sacó».
Otro al que se lo vio muy enojado en dicho sector del estadio fue al notero de Telemental y director responsable de la murga Queso Magro, Diego Waisrub, quien ante un pase perdido de Eguren mostró todo su malestar. Allí lanzó un grito con epítetos contundentes sobre el jugador y la actitud y juego mostrados por el cuadro.
Cuando finalizó el cotejo, una silbatina general se hizo sentir en el Estadio. La torcida norteña aplaudió en forma contundente a sus jugadores, mientras que la uruguaya reprobó lo hecho por los nuestros a excepción de Martín «Pelado» Cáceres, el único aplaudido.
La salida también fue muy controlada por la Policía, la cual indicaba los lugares por los cuales debía retirarse la gente, respetando el vallado existente sobre el sector de los norteños. Luego se sabría que hubo 15 detenidos, 9 por reventa y 6 por desórdenes varios.
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