"El básquet iraní es como el de Uruguay"
Leandro García Morales es un uruguayo recién llegado a la República islámica de Irán, pero ya un verdadero triunfador en ella.
Lo entrevistamos en el complejo hotelero cinco estrellas donde reside, el hotel Olimpik, que está en el complejo deportivo del estadio Azadi.
¿Leandro, cómo te contactaron para jugar en Irán?
Contactaron a mi representante por medio de una agencia. Estaban necesitando un refuerzo extranjero (pueden tener a dos extranjeros por equipo, no más), para el mejor equipo de básquet de Irán, el Sabamehr, (que ganó la copia Asia en las últimas temporadas y que en las últimas siete de la liga iraní, ganó nada menos que siete!), porque había llegado a las semifinales y aspiraba volver a salir campeón. El que hubiese terminado la temporada uruguaya y estuviese libre, más el hecho de que poseo una segunda nacionalidad italiana que facilitaba los trámites rápidos de visado (y sin dudas, aunque él no lo dice, su alta perfomance en el básquetbol uruguayo el 17 de marzo se consagró campeón en su país y mundial jugó en varios países), hicieron que contactaran a mi representante, Claudio Pereyra. Traer basquetbolistas norteamericanos (la cima del básquet mundial) es un problema cuando se necesitan los visados con premura como era este caso.
¿Cómo fue el contrato?
El contrato fue desde el 23 de marzo hasta que el equipo siga ganando en el torneo, si la racha sigue (ganaron la primera semifinal de ida y hoy juegan la segunda de vuelta), y jugásemos las dos finales, ida y vuelta, estaría aquí hasta el cinco de mayo. Acá pagan fortunas, muy bien y todo por adelantado!, cuesta creerlo, agrega. Iba a ir a jugar a Puerto Rico, donde la liga es muy fuerte, junto con Argentina juegan el mejor básquetbol de Latinoamérica, pero acá en Irán gano en un mes lo que allá gano en cuatro o más.
¿Cómo cayó en vos y en Uruguay que vinieras a Irán?
Yo no conocía Irán, pero como había estado en países islámicos, sabía que los musulmanes son gente muy respetuosa y por ese lado estaba tranquilo, pero inmediatamente llamé a mi hermano que está trabajando en una ONG en Afganistán, realizando ayudas humanitarias y le comuniqué sobre mi venida aquí. El me tranquilizó y me dijo que Teherán es una de las ciudades grandes, lindas y modernas de Asia, que iba a estar cómodo y bien, que no me preocupara. No hay problemas con la religión y la gente te respeta, agregó. Sus palabras fueron importantes y motivo de mayor tranquilidad aún. Yo creo que en Uruguay hay un concepto equivocado sobre este país y sobre el Medio Oriente en general, se los tilda como violentos pero no es así. Yo lo pude volver a comprobar acá, me trataron más que bien, muy respetuosos todos, no me puedo quejar de nada, no tuve un problemas desde que llegué hace más de veinte días.
¿No extrañas?
Sí, extraño a mi familia, tengo una hija de un año, te imaginás… La veo por Internet con la camarita y a mi esposa. Por el poco tiempo y el apuro no pude hacer los trámites para traerlas y, como es un sistema de que quien pierde queda descalificado, la verdad que no sé cuánto más voy a estar, por lo que no las traje y las extraño mucho. La verdad es que las iba a traer, porque después del campeonato local íbamos a ir a jugar la copa de Asia, Indonesia, China y otros países, pero se suspendió, entonces quedaron allá. A más tardar a principios de mayo me reencuentro con ellas.
¿Cómo fue tu adaptación?
Me costó un poco con el cambio de horario y el sueño, pero por lo demás no tuve problemas. Acá en el hotel hay comida internacional y menú variado que está muy bien: pollo, pastas, poca carne de cordero porque no me conviene tanto, agrega, algunas tortas ricas, más las golosinas que compro afuera. El entrenamiento no es muy exigente porque estamos jugando las instancias finales y el equipo ya tiene buen estado y no nos quieren cansar con entrenamiento fuertes para cuidarnos para los partidos.
¿Cómo te recibieron los iraníes y los compañeros de equipo?
Me recibieron muy bien. Me estaban esperando en el aeropuerto y me trajeron al hotel. Luego me llevaron a un departamento pero preferí quedarme en el hotel, para no preocuparme por la comida y, fundamentalmente, por la comunicación y el Internet. Lo aceptaron sin ningún problema. El hotel está muy bien, tiene sauna, pileta, gimnasio, en medio de un complejo deportivo. No tengo romming en el celular (acá las compañías telefónicas occidentales no operan, sólo las regionales), pero con el Internet no tengo problemas. Los compañeros del equipo me recibieron excelentemente. Hablo con ellos en inglés (Leandro habla tres idiomas además del español, italiano, portugués e inglés por su estadía de seis años en Estados Unidos) escribo mejor en inglés que en español, porque es la lengua en que estudié cuatro años en la universidad, Ciencias Políticas; me faltaron cuatro materias para licenciarme, pero el básquetbol me obligó a viajar. Cuando no entienden se preocupan y me hacen sentir muy bien. Mira que estuve en muchos países del mundo y no vi el trato tan deferente que tienen acá. Hay países como Francia que, si no le hablas en francés, muchos no te llevan el apunte, por más que te entiendan en inglés, hacen como que no te entienden.
¿No despertó celos tu incorporación?
No, me ven como una ayuda no como competencia. Los compañeros se preocuparon por enseñarme el sistema de juego del equipo, su funcionamiento. Todos queremos ganar y la verdad es que me hacen sentir muy bien.
¿Y la hinchada?
Bien, me llamó la atención que las mujeres estén de un lado y los hombres del otro. Las canchas son más chicas que en Uruguay pero hay mucha gente y cantan todo el tiempo, sin parar. No es costumbre hacerlo en Uruguay. Gritan y cantan todo el tiempo, me llamó la atención.
¿Los directivos?
Me trataron excelentemente bien. Mi representante se quedó los primeros días conmigo arreglando las cosas y los papeles. Se fue muy contento porque cumplieron con todo lo acordado y nos pagaron por adelantado sin decir nada ni que esperemos un poco como se suele hacer en otros lados. ¡Unos señores! La verdad es que, salvo el tema de que extraño a mi familia, me siento muy bien y tranquilo acá. El embajador de Uruguay, el señor Fernando Arroyo, también me trató muy bien, me invitó a cenar, muy amable.
Contanos del básquetbol iraní y sus diferencias con el uruguayo y el latinoamericano
El básquet iraní es un poco como el de Uruguay, un básquet en el segundo nivel mundial, bueno, destacado en Asia después del de China, si no es segundo, pelea el segundo lugar. A nivel de la liga local iraní, hay cuatro equipos que disputan la punta, el resto son más flojos. El tipo de juego de acá, en Irán, es muy desordenado, nada estructurado como el europeo y no posee la técnica del latinoamericano, pero corren muchísimo, como en general ocurre con los equipos asiáticos, tienen una resistencia física impresionante. Les gusta jugar corriendo mucho, es su forma de sentir el juego. Los roles no están tan definidos, todos tiran a embocar, todos hacen de todo. No se toman el tiempo para pensar más las jugadas como nosotros. Me llamó la atención que en Irán tienen verdaderos gigantes, me tocó enfrentar a un muchacho de veintitrés años que medía dos metros veinticinco cm, un gigante! (Leandro mide 1, 90 cm).
¿Leandro, cuáles son tus planes?
Cuando termine acá, probablemente me iré a Puerto Rico, si hay alguna chance de pase abierto, o a Venezuela. (Le digo: ¡Se ve que
te gusta moverte por el eje del mal!, ( ríe y agrega), sí, donde hay petróleo (Vuelve a reír). En Venezuela se siente a gusto, donde alguna vez salió campeón de la liga nacional de básquetbol jugando para Cocodrilos de Caracas. Nos cuenta que, en Europa y Argentina, en esta época se cerró el libro de pases. En el 2006 jugó para el Paraná de Argentina y perdió la final con Independiente de Neuquén. Este año estuvo a punto de incorporarse a Atenas de Córdoba, un gran equipo argentino que es candidato a campeón actualmente.
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