APUNTES AL CARBON

UNA LECCION MAGISTRAL

Que el fútbol profesional de nuestro país está en crisis, resulta un hecho incuestionable. Adentro y afuera de la cancha. Recurrente sería enumerar las razones y motivos que nos llevaron a esta situación. Pero la misma se ha agravado y las consecuencias serán terribles. Ni siquiera un rápido viraje de 180 grados, que lejos está de producirse, podría atenuar los efectos de todo lo malo que se ha generado y que culmina con la actual escenografía. Un torneo que no llegó a su finalización. Batallas en los escritorios de la AUF. Batallas en las calles y campos de juego, con la violencia instalada y sin remedio para controlarla. Una situación insostenible en el plano económico y financiero, lo que aqueja tanto a los clubes como a la propia Asociación Uruguaya de Fútbol. A pocos días que la actividad retorne y se cumpla el calendario, no da pautas lo mencionado, como para ser medianamente optimista. Porque además, existen problemas de fondo en el campo de la organización y los reglamentos, que no han sido ni serán abordados en profundidad, por lo que el «pan de hoy será hambre para mañana». Como siempre se ha perdido tiempo, más allá de este movimiento veraniego y las potestades acordadas para el Ejecutivo, que de cualquier manera, hecha la ley hecha la trampa, son limitadas y dependerán de la voluntad de la Asamblea de Clubes. Pero llegado el momento, habrá que ver qué sucede con la relación de las autoridades policiales, su criterio y el de los propios clubes, bastante encontrados por cierto y, prueba de ello, es que no finalizó el Apertura. Ahora bien, todo esto ha sido funesto para el crédito del fútbol uruguayo con los aficionados. Mejor dicho, se ha perdido el crédito y será muy difícil recuperarlo. La prueba estuvo en el reciente certamen disputado en el Centenario. Con la puesta en escena del clásico. Tiempo ha, el doble de entradas se hubieran expedido, teniendo además el aperitivo de un choque tradicional entre escuadras brasileñas. Pues bien, ese enorme vacío que tuvo el Monumento Histórico del Fútbol Mundial, en sus dos etapas, hubiera sido cubierto por quienes hoy reniegan de asistir a un espectáculo futbolístico profesional en la capital.

La violencia en primer lugar, las movidas políticas y el uso y abuso de los reglamentos que son estirados como un bandoneón, han hecho su obra.

Actuando como un clearing, se terminó el rédito. Nos lo han dicho amigos, familiares vecinos, gente futbolera en esencia y asiduos concurrentes a los partidos que se desarrollan en los diferentes campos de juego.

«No vamos más al fútbol, se corre riesgo de vida… y para lo que hay qué ver! no vale la pena». Así de fácil y sencillo.

Sin embargo, algunos se siguen haciendo los distraídos y no han hecho conciencia de la gravedad del momento. Para colmo, estos enfrentamientos de los grandes del fútbol uruguayo, ante Cruzeiro y Atlético Mineiro, han desnudado, una vez más, nuestra realidad futbolítistica.

Memorables goleadas aderezadas con bailes inolvidables, marcaron los enfrentamientos ante los norteños, que ostentaron una superioridad notoria en todos los aspectos. Y no sirve el verso de la pretemporada como excusa, porque ellos llegaron en la misma condición y, en el caso de Cruzeiro, con varios titulares que ni siquiera viajaron a Montevideo. De hecho, el argentino Juan Pablo Sorín estuvo integrando el grupo pero por una dolencia no fue tenido en cuenta. Prestación técnica. Precisión. Concepto. Dinámica. Velocidad. Inteligencia. Elaboración del juego. Solidaridad.

Algunos de los aspectos que incidieron para marcar una hegemonía, que por momentos, se pareció al juego del gato con el ratón. Y vale para Nacional y Peñarol de idéntica forma.

Diga que liquidados que fueron los cotejos de manera temprana, los visitantes, sobre todo Cruzeiro, bajaron el ritmo de las acciones, jugaron con los cambios y evitaron una humillación aún mayor. Las diferencias se acentúan entre nuestro fútbol y el resto de los que juegan en el planeta. La prueba está entre sufre la Selección con los, supuestos, mejores jugadores recolectados desde el exterior que nada aseguran. Tan es así que no fuimos al Mundial de Alemania. Pero es un problema de fondo, complejo y donde no se avizoran soluciones.

Para colmo aquí campea la soberbia, la humildad sustento de las glorias acumuladas por nuestro fútbol, es una especie en extinción la ausencia de autocrítica es nefasta y no permite intentar revertir la situación. Ardua tarea le aguarda a los técnicos de este país, para cambiar este paupérrimo panorama.

Por último, no entendimos de qué se reían algunos futbolistas de Nacional, subidos al podio para la premiación, luego del 4 a 1 propinado por Cruzeiro, que lejos estuvo de ilustrar la diferencia que hubo en la cancha.

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