El fútbol uruguayo fue un escándalo
Sucedieron hechos de gran importancia como la violencia que hizo suspender el fútbol uruguayo, el affaire entre la productora Josselem Rocamora con el árbitro argentino Sergio Pezzotta, las renuncias de José Carlos Domínguez y Adrián Leiza en la AUF, las inhabilitaciones de clubes para jugar en el fútbol profesional de la Segunda División y después en una asamblea lograron jugar.
También hubo hechos que dejaron en evidencia lo patético de nuestro balompié como la suspensión del partido NacionalVilla Española por parte del árbitro internacional Líber Prudente, cuya determinación de jugarse o no demoró 94 días tras varias presiones políticas que hubo dentro y fuera de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Además ocurrieron situaciones complejas y mal planificadas.
También hubo amenazas de bomba y de muerte al presidente de la AUF doctor José Luis Corbo.
Para culminar un año negro para nuestro balompié, no se jugó la última fecha del Torneo Apertura debido a un «desacuerdo» entre el Ministerio del Interior y la Mesa Ejecutiva de la AUF, por la cancha del Estadio Jardines del Hipódromo para el partido Danubio y Peñarol.
El lunes 29 de noviembre, la asamblea de clubes, con una votación de 17 votos a favor y uno en contra (Liverpool) determinó darle poderes especiales al presidente asociacionista doctor José Luis Corbo para que ejecute durante sesenta días los cambios más urgentes que necesita nuestro fútbol charrúa.
El tiempo es corto debido a los profundos cambios que deben llevarse a cabo en un período escaso pero, el ex presidente de Rampla Juniors, los intentará.
Los dirigentes y la mentalidad de todos los estamentos del fútbol uruguayo deberán cambiar para que nuestro principal deporte pueda volver a ser la gloria que supo ser pero que hemos perdido hace décadas.
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