La larga siesta del fútbol uruguayo
Ahí está el detalle, en el sistema que rige la organización del fútbol profesional. Un sistema perverso, en cuanto a la lectura que permite de sus leyes y reglamentos, que son manejados a gusto y paladar del consumidor. En todo tipo de instancias y definiciones, habida cuenta de que, más allá de ser obsoletos y alejados de la realidad, es bueno recordar que fueron legislados por los propios dirigentes de los clubes.
Por cierto que, en su génesis, no hubo ninguno de los actuales hombres de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Ni en los respectivos organismos ni en los propios clubes, pero sí, la mayoría, ha participado en cuanta enmienda se ha realizado. Por lo menos en los últimos veinte años, que quizá alguno pueda agregar calendarios de protagonismo.
En función de ello, ha sido «pero la enmienda que el soneto». Pan para hoy y hambre para mañana. Es la única manera de explicar, que no justificar, lo que hemos visto y escuchado con santa paciencia, por ejemplo. con respecto a la polémica decisión de Líber Prudente.
Pasaron 90 días, en tanto el Apertura continuaba su disputa, sin que el fallo de los tribunales resolviera la cuestión. Con la excepción del de Penas, cuestionado de inmediato por Nacional, con la inmediata politización del tema, a través de la intervención de un neutral de la propia AUF. El manejo realizado por Ache de la situación, confirmando su peso e influencia dentro del Ejecutivo, tuvo decisiva acción, mientras la pelota iba y venía. Apelaciones. mesa Ejecutiva. Apelaciones. Penas. Ejecutivo y el definitivo aterrizaje en el de Contiendas.
Pasaron 90 días de flagrante irregularidad y nos preguntamos qué hubiera sucedido, si no se suma el bochorno de Jardines del Hipódromo y su consiguiente conmoción que, aún vacilando más de la cuenta. determinó la suspensión de la actividad.
Hemos asistido a instancias que están, por cierto, vinculadas a temas esencialmente políticos. Dentro y fuera de la AUF. Incluso han determinado conflictos de tipo personal, más allá que se desmientan y, lo peor de todo, han mantenido al fútbol en sí mismo y en esencia, como rehén de las situaciones que son públicas y notorias. El panorama no está claro ni mucho menos. Intentando aclarar han oscurecido más el panorama.
Sin embargo, más allá de recelos y conveniencias, mezquindades y egoísmos, este partido lo han perdido los dirigentes del fútbol, durmiendo una larga siesta. Dejaron pasar, durante el receso posterior al Clausura, la oportunidad de trabajar a destajo sacudiendo las estructuras, discutiendo proyectos de envergadura y ofreciendo un mensaje contundente. Porque esto no se arregla con Fulano o Zutano, sino cambiando el sistema. Ni Fulano ni Zutano, por capaces que sean, que estará por verse, pueden con el sistema actual, perimido y resquebrajado, a despecho que parece ser que los únicos que no lo advirtieron, son precisamente, los actuales dirigentes de nuestro balompié. Para quienes tampoco vale hacerse los distraídos, por ejemplo, con respecto a la violencia instalada en los escenarios deportivos.
Vaya que son culpables en un alto porcentaje, con la aquiescencia mostrada con ciertos e identificados elementos, a los que ha contemplado y, a muchos de ellos, sostenido con prebendas de todo tipo.
Se admite la concesión de entradas y hasta de viáticos convertidos en sueldos, para quienes, en su momento, esos propios dirigentes han requerido el apoyo. Sea para hacerse fuertes en una cancha difícil o para amedrentar adversarios en un proceso electoral. Cuando no involucrados en cosas peores. El tema es que ahora no los pueden controlar.
Existió manifiesto apuro por volver a la actividad, se diría bajo cualquier forma y circunstancia, cuando poco se ha hecho en aras de cambiar situaciones extremas, que obligaron a la detención de la competencia. Sería saludable aclarar bien los tantos y si fuera necesario, a despecho de los prejuicios que se invocan y son ciertos, proseguir con la suspensión hasta el próximo año. Eso sí, que se olviden de las vacaciones estivales y se dispongan soluciones de fondo.
Que se discutan ideas, se logren consensos y, de una vez por todas, muestren que realmente tienen la convicción y el deseo de variar los esquemas. Mientras tanto, si esto sigue así, el crédito será menor y la opinión pública mostrará indiferencia hasta el fútbol profesional. Como le pasó al pastor mentiroso.
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