El Libro del Picaflor
—Troquílido, observo que está muy metido en la lectura y cuando ocurre esto es porque tiene algo grosso entre sus manos.
–No está muy errado en su valoración.
—Cuente, cuente no sea egoísta.
–Usted sabe que El Picaflor está olfateando algo raro en torno a la situación de Víctor Púa en las selecciones juveniles nacionales. No sabe por qué pero el plumífero ausculta que, como consecuencia de las dos primeras presentaciones de la Sub 20 en Cuenca, Ecuador, hay gente que está haciendo su juego para tratar de afectar la imagen profesional de Púa.
—No empiece a ver fantasmas donde no los hay, plumífero.
–Pero mire que hay cosas curiosas. Periodistas que antes defendían a capa y espada la obra de Púa ahora son escépticos respecto a la labor del entrenador de las selecciones juveniles. Y lo que llama la atención es que algunos de esos colegas están vinculados a la empresa Tenfield SA, cuyos directores le bajaron el pulgar al entrenador después de las declaraciones que hizo en Brasil cuando se jugó el año pasado el Preolímpico.
—Siga, siga que la cosa se está poniendo interesante.
–Daniel Vargas, enviado especial de Pasión Diario Digital tituló su columna de opinión así: «Reflexiones sobre el día a día de los celestes. ¿Habrá sido positivo cumplir la adaptación?» y al lado aparece una fotografía de Púa. «La selección no encuentra su mejor fútbol, pese a que los futbolistas están capacitados para dar mucho más. Por eso nos preguntamos cómo habrá incidido en estos jóvenes este largo período de aislamiento. ¿Tanta concentración será positivo? El lugar es hermoso, un hotel de estilo colonial, en una zona apartada de la ciudad. Enclavado en medio de las montañas, con un paisaje hermoso. Es una construcción en U, en el medio un jardín, al fondo una piscina, un alero en el que están los juegos de mesa, comedor y un gran salón de estar en el que se encuentra la televisión. El sitio es cómodo y con un entorno de gran tranquilidad. ¿Pero es este el entorno ideal para jóvenes de entre 17 y 19 años? En el primer día la novedad puede ser todo un atractivo, este se mantiene por espacio de tres, cuatro o hasta cinco días, pero después comienza el tedio, el aburrimiento y el hartazgo. La convivencia se hace más compleja, cada individuo es una forma particular de ser…«, escribe el colega.
—¿Y?
–Y luego viene lo más interesante de la reflexión. «Hace 24 días que están lejos de sus afectos, de esas pequeñas cosas que conforman el mundo de cada individuo. Sus padres, sus novias, sus amigos están lejos, en una edad donde los elementos son de gran importancia para el día a día de los adolescentes. Buscando explicaciones para el bajo rendimiento que han tenido los celestes, se nos ocurre que estas cosas deben de estar pesando». Y luego Daniel Vargas le pone leña al fuego al contraponer el cuartel de Púa con el de los colombianos: «El domingo pocas horas después de haber derrotado a Uruguay, los colombianos paseaban solos por el centro antiguo de la ciudad. Mientras nuestros muchachos eran sometidos a un extenso sermón de tres horas en el que según se dijo se intentaba levantarle el ánimo. Será esta la forma, no serán estos los elementos que presionan al jugador y lo cargan de tensiones. No le habrán convertido la alegría de vestir la celeste en una pesada carga. No se habrá perdido la alegría del juego. No estarán necesitando un día libre, para salir sin rumbo, sin tiempo a hacer lo mismo que están haciendo otros jóvenes de su edad que no se dedican al fútbol. No perdamos de vista que son muy jóvenes para cargas sobre sus hombros, responsabilidades que no les corresponden. Tal vez así recuperen la alegría y puedan demostrar todo los que son capaces de dar», concluye el periodista tenfiliano.
—Le cayó con todo al gordo Púa, ¿no?
–A Púa, al profe Franco, a Spillman que está allá al frente de la delegación, a Listur, al «tordo» Larroque. En realidad, las reflexiones de Vargas son muy respetables pero para mantener la coherencia, debería denunciar lo mismo cuando su patrón, Paco Casal, vende gurises imberbes a Europa (Zalayeta, Carini, Pilipauskas, el canario García, Martín Ribas, el mismo Marcelo Tejera cuando fue al Cagliari) y los manda a la guerra con un cuchillo de palo, desarraigándolos de su entorno social y cultural cuando aún no están maduros para afrontar semejantes desafíos profesionales. Si Daniel Vargas comparte esta opinión, la gente no va a desconfiar que ahora está haciendo algún mandado con sus reflexiones desde Ecuador, para debilitar la imagen de Víctor Púa a quien sus patrones están esperando que dé el primer traspié para llevarlo al cadalzo.
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