Con la vieja receta del fútbol de siempre
Con un par de gauchazos metidos en el momento oportuno, desnudó la fragilidad del cáracter de los chilenos, imponiendo de a poco este «tango-enredo» que tocó Uruguay ayer en Ecuador.
La cara de desconcierto del técnico trasandino fue toda una postal, cada vez que la TV lo enfocaba no entendía, como tampoco nosotros. Cómo podía ser que disponiendo de la pelota, los espacios y el tiempo futbolístico, no atinaban a concretar en el tanteador la diferencia expuesta dentro de la cancha. Ante la práctica de un desconcertante juego, para nada convencional, donde los viejos duendes celestes confundían a quienes quieren interpretar estos cada vez más raros padrones técnicos, tácticos y físicos que desarrollamos los uruguayos. Imposible de discernir si no acudimos y hurgamos en lo espiritual, que desemboca irremediablemente en los antiguos simbolismos clásicos de la vieja y querida «GARRA». Argumento simplista de quienes pretenden explicar lo inexplicable, jugamos como siempre y ganamos como siempre, pretendiendo ser muy cautos en nuestra crítica y profundamente misericordioso, con quienes hoy, se ponen la camiseta de los milagros. Nos conferimos a nosotros mismos, el derecho de escribir sobre lo que observamos. Carente de un funcionamiento colectivo básico el equipo se muestra duro, con falta de coordinación en los movimientos individuales, que ópticamente refleja en lo colectivo una tosquedad manifiesta. El equipo muestra una imagen confortable, cuando el partido se hace friccionado, ni que hablar cuando saca ventaja en el marcador y depende de la lucha, el esfuerzo y el empuje. Que paradójicamente, no lo establece por una exuberancía física cuando dispone de la pelota, se trasunta la sensación de que no la desean ní la quieren, no por falta de capacidad, sí por temor al infortunio de una pérdida de la misma que origine un mal resultado. El ejemplo más notorio resalta en la figura del «Pollo Olivera», transformándose en un luchador esforzado pretendiendo resolver a través de la potencía lo que antes resolvía con una destreza a alta velocidad, cosa poco común en el mundo entero. Quienes pretendierón mejorarlo con la mejor de las intenciones, no encuentran el punto medio y donde discernir entre la lucha y la técnica, es opcional, cuando debería ser complementario. La abundante actividad, la constante disposición condicionada al desenfreno de que » hay que meter», distorsiona y hace perder la perspectiva de que esto es un juego, seguramente estaremos clasificando. Es más un deseo compartido que un pronóstico lógico, ajustado a lo expuesto por esta selección. Si se culmina con éxito, será más que saludable, teniendo en consideración que esta generación es el nutriente inmediato de que dispone nuestro fútbol. Está sub-20 marcará la coronación de figuras de nuestro principal deporte, quizás también a medida que se desarrolle el torneo aparezca quien se reciba de crack. Esperemos con paciencia que hierva la leche, los veinte años no aseguran nada, como tampoco dejan de asegurar. Los picos de rendimiento están sujetos a alternativas de mucha variación, peor de lo que pretendimos jugar es imposible, de aquí en adelante sumaremos. En quince días estaremos festejando en 18 de Julio, tantas veces nos dieron muertos y con olor, así como tantas otras veces, sín saber cómo, cuándo, ni por qué, salimos pagando ochenta por cabeza y pelando a unos cuantos clandestinos que aguantaban en fija a este sorprendente matungo celeste. Que cuando va a a plata se convierte en un potrillo de excepción.
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