Marcada tendencia a cambiar un estilo

Este período de canjes de pases ostenta una marcada tendencia a realizar transas. Se terminó cuando se pagaba una transferencia o existían precios récords por futbolistas que despertaban reales expectativas, por sus actuaciones altamente significativas dentro del terreno de juego.

El que más sorprende en este sentido es Defensor Sporting. De aquel equipo espartano, en el que prevalecía la agresividad, el presing, el trabajo a destajo inculcado por el patriarca de las marcas, dejando un sello inconfundible en el cuadro del Pepe Sasía. Sin embargo, con las contrataciones de Martín Liguera y Edgardo Adinolfi pretende, su laureado e inteligente entrenador, resolver problemas de creatividad y está muy bien.

Peñarol por su parte también, con la contratación de Alvaro Pintos y Fabián Canobbio, más la confirmación de titular del pibe Carlos Bueno, la continuidad de Gabriel Cedrés, Pablo Bengoechea y Cafú, marcan claros indicios evolutivos hacia la técnica.

Nacional mantiene su pretensión de hacer pasar la pelota por quienes la tratan bien, el ejemplo de las vinculaciones con el club de Vicente Sánchez, Alejandro Mello, un número 9 de más que estimables condiciones auspiciado por uno de los mejores centrales izquierdos uruguayos, Alcides «Cacho» Silveira, asegura la continuidad de un estilo.

Consecuentemente, Huracán Buceo presenta una propuesta novedosa en cuanto a su director técnico, resalta con relieves claros una intención futbolística al apostar a botijas con habilidades diferentes al promover la presencía de Alfredo Amarillo. Particularmente si transfiere toda la gama de recursos técnicos que posee, estaremos en presencía de uno de los «entrealas de los de antes», pero con plena vigencia en el fútbol moderno. Seguramente, esta clase de jugadores-goleadores atraerá a nostálgicos que añoran la presencía de este tipo de futbolistas en nuestras canchas. En esta recorrida por los clubes debemos hacer notar la intención de los dirigentes de Racing. Miguel Piazza asegura a los de la academia padrones futbolísticos en los que no reniega de la técnica y destreza de sus jugadores con la pelota, en aras de un resultadito anémico, tan codiciado por los pregoneros de «ganar es lo úníco que existe». Dentro de estas condiciones, le auguramos al equipo de Mariolo Bergara una presencia mayoritaria de espectadores que priorizan el fútbol que despliegan los jugadores con una alta coordinación.

 

Los juveniles

Después de ver el partido Uruguay-Colombia, en el que perdimos por casualidad, como el haber ganado hubiera sido consecuencía también del mismo factor, nuestra opinión queda expuesta como siempre a un juicio de pesimismo. Estamos muy distantes de hacerlo permanente, contrariamente a lo deseado nos gustaría sentarnos frente a la máquina de escribir para emitir conceptos venturosos sobre nuestro combinado. Lamentablemente, el juego desplegado por nuestra selección nos hace presagiar un campeonato de sufrimientos, donde una y otra vez, la apuesta es al espíritu y a la «garra». Que debiéramos nutrirla de los otros atributos tan fundamentales para establecer los propósitos bien definidos de estos campeonatos Sub-20. La confusión nos gana a todos, pues después diremos como antes, como ahora, como siempre ¿cómo no reeditamos con los mayores las campañas que hacemos con los juveniles?, un tema mucho más complejo. Por último, el deseo enorme que reiteren los Sub-17, esta esperanza que comenzó junto a su técnico J.J. Rodríguez de ganar este mundialito en Brasil de la categoría, que no es poca cosa. La necesidad de conquistar un campeonato que nos distinga a nível internacional crea una presión que no es nada saludable para pibes de esta edad. Ganar sí, pero a costa de un despliegue intencionado de un fútbol muy bien jugado, donde incluso la derrota sea un posterior augurio de triunfos consecuentes y de características bien definidas.

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