Prudente tuvo razón y Pelusso la culpa

El domingo se produjo la suspensión del partido entre Nacional y Villa Española por la no comparecencia en tiempo del equipo tricolor al terreno de juego del Gran Parque Central.

Y mas allá de la tipificación final, de la repercusión, y de la dilucidación final del punto, es importante analizar el caso en sí mismo.

Líber Prudente tuvo razón en lo que hizo. Y su acción fue valiente.

Si lo hubiese hecho en contra de un club menor, se diría: «Claro, lo hizo contra…, quisiéramos saber si se hubiera animado a hacerlo contra un grande». Prudente actuó reglamentariamente contra un grande, y eso jerarquiza aún más su accionar.

Reglamentariamente actuó correctamente y en eso no hay dos opiniones. Las normas están para ser cumplidas, no para flexibilizarlas.

Cuál es la soberbia que impulsa a alguien para pensar que las normas existen, pero no le son aplicables a él.

Aquí no ha habido una sola palabra de autocrítica por parte del Club Nacional de Fútbol.

Y cuidado, que no estamos hablando de la violencia post suspensión, lo que es harina de otro costal. Nacional, a través de ninguno de sus estamentos ha efectuado el «mea culpa».

El técnico de Nacional, Gerardo Pelusso, debería renunciar o poner el cargo a disposición.

El es el primer responsable de que el equipo esté en la cancha para jugar.

Todo el cuerpo técnico tricolor es el primer responsable.

¿Nadie va a ejercer poder disciplinario sobre el cuerpo técnico tricolor?

Si Nacional perdió sin jugar la responsabilidad es de Pelusso, el preparador físico que no previó correctamente los plazos del calentamiento, el señor Rodríguez Batlle, que en forma incorrecta en vez de decirle al cuarto árbitro que esperara, debió intimar al equipo a que saliera a la cancha, y por supuesto de los jugadores.

Pelusso, cuyas espaldas parecen enormes y su sensibilidad inexistente, debe dar un paso al costado como cabeza del cuerpo técnico albo.

Y con Pelusso, la Directiva tricolor debe asumir su responsabilidad.

Todos nos podemos imaginar a los jugadores mojándose por última vez los pelos, «estilo glam», mientras que Prudente estaba por darles por perdido el partido.

Luego la payasesca arenga de la manga.

Basta con esa cultura del subdesarrollo deportivo de nuestros «profesionales».

Prudente actuó correctamente, y el que se equivocó fue Nacional (cuerpo técnico, jugadores y dirigentes).

Para finalizar, esa propia falta de autocrítica hizo que la dirigencia tricolor buscara en el juez un «chivo expiatorio» que enardeció a una banda de estúpidos, necios y violentos, que en vez de tener la capacidad de encarar lo acontecido como fundamentado en su propia culpa, lo sitúa en el árbitro.

Nacional no pudo dar pie a nadie para perjudicarlo. Prudente lo perjudicó porque Nacional por sus culpas se lo permitió.

Pelusso debió renunciar, o la Directiva destituirlo, como hubiese pasado en cualquier otro tipo de trabajo.

Es más fácil culpar a otros que decir que se está al frente de un grupo o institución y que no se tiene capacidad de entrar en tiempo a una cancha.

Si alguien es tan incapaz es porque no domina al plantel o es un soberbio. Por cualquiera de ambas razones Pelusso es el primer responsable de la posible pérdida de tres puntos.

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