Brasil y EEUU despachan a Italia y Rusia y van por el oro
A primera hora de la doble jornada disputada en el Gimnasio Capital ante unos 12.000 aficionados, Estados Unidos (ganador de la última Liga Mundial) venció por 3-2 a Rusia (bronce en los Juegos de Atenas-2004, subcampeón europeo y de la Copa Mundial) con parciales de 25-22, 25-21, 25-27, 22-25 y 15-13.
El combinado dirigido por el neozelandés Hugh McCutcheon debió remar mucho y le tomó dos horas para vencer a los de Vladimir Alenko en un magnífico partido que tuvo un cóctel de temple, sudor, técnica y emoción hasta el último segundo, cuando un bloqueo de David Lee le dio el decisivo punto.
El joven ruso Maxim Mikhaylov acabó siendo la figura y máximo anotador del duelo con 31 puntos, pero Clayton Stanley (19) y William Priddy lideraron a Estados Unidos a la ajustada victoria.
Para sumar su tercer título olímpico y recuperar el oro que ganó en Seúl 1988, Estados Unidos tendrá que toparse nada menos con el dueño de la medalla y bicampeón del mundo, Brasil, que pasó por encima de Italia por 3-1 (19-25, 25-18, 25-21 y 25-22).
La escuadra de ‘Bernardinho’ Rezende debió esforzarse durante una hora y 47 minutos de arduo juego, que acabó decidiendo con remate del ala Murilo Endres.
Brasil tuvo un inicio tambaleante ante Italia -plata en Atenas-2004- al recibir varias bofetadas y acabar perdiendo 1-0 el primer set. El capitán Gilberto ‘Giba’ Godoy Filho fue el máximo anotador del partido, con 17 puntos, mientras en Italia el más efectivo fue su colega Alberto Cisolla (15).
Los italianos perdieron en el tercer set a uno de sus puntales, Luigi Mastrángelo, que salió de la cancha tras sufrir una torcedura de tobillo. Brasil, bicampeón mundial y primero del Grupo B, venía de eliminar a China por 3-0 en cuartos de final y sumó su sexta victoria del torneo, mientras Italia había dejado atrás a la sorprendente Polonia (3-2) en la ronda anterior.
Sobre la gran final ante Estados Unidos, el centro de red Gustavo Endres indicó que «es 50%; para cada lado. No hay favoritos».
in embargo, al ser consultado el estadounidense Priddy si su equipo llegó a China pensando que podía ganar el oro dijo tajante: «Definitivamente. No hay dudas».
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