Falsificación.
China ha desplegado grandes medios para acallar la disidencia y mejorar el tráfico de Pekín durante los Juegos Olímpicos, pero tiene grandes dificultades para acometer uno de sus objetivos prioritarios, la lucha contra el mercado de la falsificación. La represión policial está muy presente pero no parece muy eficiente, mientras los vendedores «hacen su agosto» (nunca mejor aplicado), se congratulan por ello, y los turistas que han llegado a los Juegos aprovechan para surtirse de todo lo que sea, aunque no precisamente genuino. A los artículos clásicos falsificados, es decir, de marcas como Louis Vuitton o Hugo Boss, en la ocasión se agregan copias de las camisas azules y blancas utilizadas por los voluntarios de los Juegos Olímpicos.
Compartí tu opinión con toda la comunidad