Para siempre.
Los agresivos cambios introducidos en Pekín para que la ciudad estuviera preparada para organizar los Juegos Olímpicos, han despertado el apetito de los habitantes por una ciudad moderna, limpia y ordenada, algo que esperan dure más tiempo que la llama olímpica. La ciudad anfitriona de los Juegos, cuyo moderno cambio ha impresionado a los visitantes olímpicos, está irreconocible para muchos de sus habitantes. Las estrictas restricciones a la circulación han contribuido a aliviar los atascos que normalmente obstruyen las calles de la capital.
Eso, más el traslado o cierre temporal de las fábricas de la región, así como otras medidas contra la contaminación, han contribuido a limpiar el cielo de la ciudad durante los Juegos, aunque la meteorología favorable ha sido otro factor. Otras iniciativas han incluido medidas drásticas contra la flagrante prostitución en la ciudad, pero también sofocar a los disidentes para evitar un bochorno político durante los Juegos.
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