LIGUILLA. PARECIA SER UNA ESPECIE EN EXTINCION

El ocaso de los dioses

Referencia a los horrores defensivos que se apreciaron en una cantidad importante de partidos.

Demasiados, con lo que ello implica, sin duda, de preocupación en los técnicos que alternan su trabajo en los equipos prefesionales.

El arte de saber defender fue la marca en el orillo del fútbol uruguayo.

Lo que no implicaba hacerlo a ultranza, colgados del travesaño, apelando a la lotería de algún pelotazo capturado por un navegante solitario que, aunado a la complicidad de los zagueros contrarios, permitieron el desliz de convertir un gol.

Es cierto que, en determinado lapso de la historia, se dio de manera puntual esa circunstancia, pero afirmarlo de manera genérica y aplicado a la historia de nuestro fútbol, resulta verdaderamente una falacia, en todo caso, desconocimiento total y absoluto de cómo se fueron forjando las conquistas formidables de los equipos y seleccionados que nos representaban.

«Ataca Argentina, gol uruguayo» resulta de un eufemismo que indica que no necesariamente hay que tener el útil todo el tiempo para someter al rival.

La astucia, la inteligencia, la estrategia, la táctica, también juegan e influyen, en la medida que se tengan intérpretes adecuados para llevar a cabo el plan previsto.

Pero de lo que no pueden existir dudas es que las victorias se afirman a partir de no recibir goles y para eso, lo dijo Perogrullo, hay que defender bien, que también es un arte, aplicado a un juego colectivo que, naturalmente, también necesita la buena administración de la pelota una vez recuperada, para darle el destino adecuado y elegir los caminos que más nos convengan para lastimar al rival.

Parece sencillo pero no lo es tanto, cuando a veces miramos cotejos del medio local, porque más allá de esa avalancha de goleadas que semejan encuentros de otro deporte, no existe sustento para expresar que estamos cambiando.

En todo caso cuando sesudas reflexiones fueron gestando tanta confusión, es que el fútbol uruguayo empezó a perder la gran batalla, dejando su esencia por el camino e ingresando en un terreno de arenas movedizas donde claudica de manera constante, a la hora de la competencia internacional.

 

Chau Liguilla

La Liguilla parecería ser una especie en extinción.

Lánguidamente está llegando a su fin. Mejor dicho, ya terminó, solo queda disputar la final y saber quién es el campeón.

Defensor Sporting ha sido, sin duda, el mejor equipo de la temporada y no cambiará el juicio si no se consagra una vez más, como ya lo hizo ganando el Torneo Apertura, la Tabla Anual y el Campeonato Uruguayo.

Superó todos los obstáculos y las bajas que se fueron dando, de manera numerosa, en plena competencia, no fueron óbice para los logros acumulados por la escuadra dirigida por Jorge Da Silva.

Nacional puede darle color, maquillar su actuación, si logra el título, pero la aspiración del gran objetivo se diluyó sin pena ni gloria.

Ni Campeonato Uruguayo ni Libertadores.

En todo caso Peñarol, el otro grande que tampoco consiguió lo que se proponía, se consuela con haber primado en el Clausura y, como hacía mucho tiempo no sucedía, imponerse con autoridad en los clásicos oficiales.

Además de la chance de jugar un repechazo para disputar la Libertadores. Muy poco.

Paradoja.

Pelusso puede ser campeón y cambiar de aire.

Saralegui, con la mira de afuera, ya aseguró, por lo menos, la continuidad hasta fin de año, más allá de que jugó con «el carro El Chaná» y no logró recuperar el Campeonato Uruguayo.

Olivera, Bueno, Estoyanoff, Franco y Darío Rodríguez hacían suponer que el partido estaba «robado», cosa que no aconteció.

El floridense «bailó con la más fea» cuando le desarmaron el cuadro y, más allá de errores asumidos, perdió posibilidades a nivel local e internacional.

Danubio fue la decepción en la transición.

Rampla, el milagro que se abrazó a una hazaña perdida en el último instante del cotejo ante Peñarol.

River tuvo todo para arrasar, pero surgieron los viejos fantasmas de Carrasco, gruesos errores arbitrales y sólo quedó en la revelación que llenó las canchas.

Al cabo de una discreta temporada, no es poco lo del darsenero.

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