Tarde de fiesta que se tiñó de violeta
La locura en el camarín violeta y sus alrededores fue total. Integrantes de las divisiones juveniles, funcionarios, dirigentes y aquellos hinchas cuyas caras se repiten partido tras partido desde las épocas en que la tribuna cantaba «el antifútbol otra vez» iban y venían, corrían de un lado a otro y buscaban continuamente pares con los que estrecharse en abrazos.
Eran abrazos postergados y atrincherados detrás de aquella decisión de no jugar las finales en el año 2005, que debieron sortear los trances amargos de la quita de puntos, de las suspensiones por dopaje o las lesiones graves de algún futbolista, e incluso alguna dura derrota cuando parecía que el equipo se caía.
Por algunas memorias pasaron rápidas las imágenes de un veterano Cubilla, del «Pelado» Santelli o del «Tato» Ortiz inaugurando «la vuelta al revés» de aquel equipo del «Profe» De León, las corridas del inolvidable Silva Cantera, aquella tripleta de Almada, Chilelli y Ferreri, los goles del «Manteca» Martínez, del «Loco» Abreu y Darío Silva, las locuras más cercanas del «Nico» Olivera, la clase del «Pibe» Tejera, cuando la realidad llamó a través de la voz del «Flaco» Lamas, que confió volviendo desde la cancha: «Soñaba con esto estando allá y hoy se me dio … tuvimos que aguantar, porque hoy no jugamos muy bien», abriendo la fila que en segundo lugar tenía a Martín Silva, que comentó que «quiero compartirlo con este grupo que siempre trabajó con mucha humildad, sin bajar nunca los brazos pese a todas las dificultades».
Viejas caras
El camarín violeta empezó a quedar demasiado chico, porque a los actuales integrantes del plantel se sumaban otros que también aportaron para este título, como Sebastián Taborda, Mauro Vila, «El Chino» Alvaro Navarro o Martín Cáceres, a quienes se sumaron después Pablo Hernández y Fernando Fadeuille, entre otros.
Miguel Amado alcanzó a comentar que estaba «emocionado y contento: la cuestión era que no nos convirtieran el gol y se nos dio».
Una de las copas -ya destruida- servía de boina a un aficionado ubicado a espaldas del ayudante técnico Sergio Cabrera, quien reconoció que «tuvimos algo que se había perdido en la segunda parte del año. Volvimos a recuperar esa mística de dejar en cero el arco nuestro, hoy volvimos a eso y por eso estamos festejando … sabíamos que así se podía dar el partido, y solo nos faltó el puntillazo final ahora al terminar el partido, pero creo que se hizo justicia porque entre los dos equipos que estábamos en la cancha había quince puntos de diferencia y tres más con los que nos sacaron … solo acá en este país hay que jugar finales así».
Por su parte, el entrenador violeta Jorge Da Silva recordó que «después de un año difícil estos jugadores nunca se entregaron, nunca se dieron por vencidos; fue difícil por un montón de hechos que no nos dejaron concentrar en el campeonato, pero gracias al gran amor propio, gran vergüenza, los muchachos hoy tienen esta coronación y después de diecisiete años la alegría de volver a ser campeones». «El Polilla» también habló sobre su futuro, recordando que «ya lo había manifestado: es el fin después de la Liguilla de este ciclo donde se consiguieron tres o cuatro títulos (si se cuenta la Tabla Anual). Los cambios son beneficiosos para todos, pese a que estoy muy cómodo trabajando acá, pero un recambio es necesario me parece».
Al Franzini
Los fusionados también en esta ocasión fueron fieles a su costumbre: tras un alocado festejo no se bañaron en el Estadio Centenario, sino que marcharon al Estadio Franzini rápidamente. Antes de abordar el ómnibus, Navarro dijo que «había que dar la vuelta en una pierna, con muletas, como sea», o De Souza comentó al pasar que «Defensor fue superior en estas finales y a lo largo de todo el año», las mismas palabras que repitió el colombiano Castillo segundos después.
Pablo Pintos, hijo del artista «Bocha» Pintos -Bola Ocho, Los Morochos, Klan B-, quien recorrió las formativas como volante, se acordó «de mi familia especialmente, y de que sirvió haber escuchado mucho de los más grandes, como Marchant y Gaglianone»; este último justamente fue consultado sobre el mérito de haber «liquidado pronto» las finales, a lo que respondió: «tendríamos que haber sido campeones antes … sacamos quince puntos y ganamos una final … ya estaba».
Minutos después, el ómnibus partió rumbo al Parque Rodó, donde entrada la noche se seguía escuchando el coro que gritaba «la violeee … la violeeee» alternado con «y ya lo ve … el antifútbol otra vez».
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