Matemáticamente tenemos chance
El genial Enrique Cadícamo y su compadre, José Tinelli, jamás pensaron ni tuvieron la menor idea al respecto, que al componer un ícono de la música ciudadana estaban poniendo en liza, al decir de los españoles, un caballito de batalla para el devaluado fútbol uruguayo.
El tango «Por la vuelta» está vinculado a estos tiempos que corren por aquello de «la historia vuelve a repetirse», que no es otra cosa lo que nos sucede en la competencia internacional, donde acumulamos una frustración tras otra, a nivel de clubes y selecciones. Por ejemplo, este año, que apenas lleva la mitad de su recorrido, ya se ha devorado las ilusiones de los hinchas de Wanderers, Danubio y Nacional, que de manera consecutiva fueron quedando fuera de la conversación en la Copa Libertadores de América. Antes y después, fue tiempo de sufrir con la Selección.
Con la ilusión alimentada de un nuevo capítulo a través del retorno de Tabárez en la conducción y un recambio generacional, que de manera perceptible daba paso a jóvenes elementos estimables condiciones expuestas en el exterior.
Sin embargo, las expectativas, poco a poco, han ido ingresando a un cono de sombras, que vuelve a producir angustia en la afición deportiva, que observa cómo surgen situaciones similares que dan crédito a la letra del ya citado clásico tanguero.
La historia vuelve a repetirse.
Que no otra cosa es, por ejemplo, que un equipo chileno que arribó al Centenario repleto de problemas, sin varias de sus figuras, abrazado a la carismática imagen de su técnico Marcel Bielsa y reflotando a un veterano en faz de retiro como Marcelo Salas, nos diera el tal susto y nos arrebatara dos puntos.
Luego fue el turno de Brasil en Sao Paulo, donde jugamos como nunca y perdimos como siempre, a despecho de que, supuestamente, estábamos en el inicio de las grandes actuaciones en estas Eliminatorias.
¿Ganaremos afuera lo que se escapa en casa?
Estos nuevos compromisos fueron aguardados con ansiedad, habida cuenta de lo expuesto, para confirmar definitivamente el nivel competitivo de nuestra selección.
Con el agregado de los partidos de ensayo disputados ante Turquía y Noruega, sobre lo que ya nos expresamos respecto a la validez de tales encuentros, que nada tenían que ver con el clima y el tipo de adversarios que hacen al entorno de una Eliminatoria como la sudamericana.
Y fue el turno de Venezuela, sin la emblemática conducción de Páez, con algunos sobrevivientes de la histórica imposición del 24 de marzo de 2004, que contribuyó para dejarnos fuera del Mundial de Alemania, pero bastante lejos de aquel equipo punzante y letal en el contragolpe.
Sin embargo, a favor del talento de Vargas, pinceladas de Arango, el liderazgo de Mea Vitali, firmeza en el fondo y un arquero como Vega que arrancó mal y luego se lució de manera reiterada, los caribeños agitaron la sábana y los fantasmas danzaron en la gélida tarde-noche del Centenario.
Fría como nuestra selección, que nunca transmitió el fervor que debe partir del campo de juego para instalarse en la tribuna y volver a la cancha, con el rebote que genera el aliento constante.
Faltó la presión adecuada, avasallante, para llevarse por delante a un equipo prolijo, que nunca perdió la calma pero que jamás imaginó las ventajas que iba a recibir, sobre todo cuando de manera temprana encaja un gol, más allá de que los nuestros no merecieran la ventaja.
Ni eso fue determinante para tomar las riendas del partido y volcar el trámite y el score a nuestro favor, de manera inalcanzable para el rival. Tampoco la complacencia de un discreto árbitro para con los jugadores locales, que varios de ellos caminaron por la cornisa y jugaron al límite en más de una ocasión, de manera innecesaria.
Es obvio que no alcanza con la prodigación y el fervor de Pérez.
Hubo confusión y desorden, ineficacia, ausencia de ingenio para prosperar en ofensiva, sin variantes, abusando del centro frontal que ni siquiera terminó siendo el ollazo, donde la cantidad de hombres que atacan incomoda al que defiende y produce el error. No se entendió a qué jugó el cuadro celeste.
O no lo entendieron los futbolistas al técnico. Terminó siendo empate y pudo ser derrota.
Ahora tocará Perú, que con buen segundo tiempo, pudo rescatar una igualdad en Lima ante Colombia, pero registra ausencias notorias y está «en el fondo de la bolsa» con el técnico en situación de despido y chance casi imposible de clasificación.
Pero nada es seguro ante los celestes, porque los incaicos llegaron casi de la misma manera en la premundial anterior y estrenaron la conducción de Fossatti con un contundente 3 a 1 que les cayó de regalo. Incierto panorama cuando hay que ganar a como dé lugar y no fue precisamente la valencia anímica, lo más destacado que ha mostrado este combinado, más allá de que al temperamento hay que agregarle alguna dosis de elaboración de juego que ante la «vino tinto» estuvo ausente.
Eso sí, la historia vuelve a repetirse, es cierto, pero matermáticamente todavía tenemos chance.
El tema es saber cómo ganaremos afuera los puntos que regalamos en casa.
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