ANTE PERU Y VENEZUELA
Venezuela, el rival del hoy en el Centenario, está haciendo un proceso a la inversa de lo acontecido hasta la pasada Copa América, disputada en suelo bolivariano.
Es que allí culminó un ciclo que había revertido las actuaciones del seleccionado vino tinto.
La conducción del doctor Richard Páez produjo un entusiasmo que jamás se había experimentado, cuando la afición tenía al fútbol como un deporte de tercer o cuarto orden, en cuanto a sus preferencias y el seguimiento de la actividad local e internacional.
Con Páez cambió la historia.
Tuvo una enorme capacidad de trabajo, sumada a un gran sentido de la organización y, de manera fundamental, la proyección de sus futbolistas, en el sentido de que se podía jugar de igual a igual, o por lo menos intentarlo, con el resto de los países del continente.
Convicción, crecimiento del carácter, sentido táctico, elaboración de juego y respaldo a la actitud de los jugadores.
A través de lo enunciado fueron arribando los resultados, que a la postre fueron consolidando el trabajo y terminando de convencer al resto de los estamentos, es decir los dirigentes y la propia afición. Pero ello se vino abajo con la decepción de la Copa América y el paso al costado de Páez.
Venezuela ya no es el mismo seleccionado en crecimiento.
¿Y Perú?, en uno de sus peores momentos, jugando mal, con escasas figuras y, para colmo, las más notorias separadas del plantel por su indisciplina y reiteración de actos reñidos con el más elemental sentido profesional.
Uruguay no tiene excusas: deberá ganar
Ante este panorama, no existe lugar a duda alguna.
Uruguay ganará los cotejos de hoy y martes próximo. Por lo menos debería hacerlo, en la medida de concretar actuaciones aceptables, que transiten el plano de lo correcto y sin errores garrafales.
Ahora bien, «no es oro todo lo que reluce» y acostumbrados estamos, de manera lamentable, a enormes frustraciones que se han sumado en los últimos tiempos, quedando fuera de la conversación con demasiada frecuencia y teniendo todo a favor.
Sin ir más lejos, no estuvimos en Alemania 2006.
Por si eso fuera poco y de manera histórica, Venezuela nos pegó un cachetazo a domicilio en aquel amargo sendero, ganando por goleada y con baile al equipo dirigido por Juan Ramón Carrasco.
Para que no quedaran dudas, un presentable equipo peruano, que llegó a Montevideo rodeado de escepticismo y las más duras críticas del periodismo y afición incaicos, también nos doblegó de manera cómoda poniendo la otra mejilla el flamante técnico en la ocasión, Jorge Fosatti, devenido en lugar del destituido y polémico hombre de Sarandí del Yi.
Entonces, se podría decir, ante estos compromisos, que «el que se quema con leche, cuando ve la vaca llora», habida cuenta de que nuestros adversarios arribarán casi en las mismas condiciones de aquella oportunidad.
Quizá o sin quizá, Venezuela es menos, por lo expresado líneas arriba y sin la conducción de Páez.
Dudas no caben de que Perú llega peor, estando penúltimo en la tabla y sin perspectivas de mejorar.
La obligación es celeste y tiene atributos para imponer las condiciones.
Al menos ante estos contrincantes vulnerables y transitando por enormes conflictos internos.
Si no se logra, habrá que aventar las ilusiones de jugar en el primer Mundial que se jugará en Africa, porque no obtener ambas victorias significará la alarmante comprobación d en nuestro retroceso futbolístico.
Al cabo, Uruguay no tiene excusas, porque como local existe la obligación de ganarle a Venezuela y Perú.
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