Da’ Tara tomó la punta en el Belmont Stakes (G.I) y todavía lo están corriendo
El alma tocó el piso de la multitud que abarrotó el hipódromo mucho antes de que terminara el Belmont Stakes (G 1-2.400 metros). En verdad, sólo para los allegados de Da Tara, el caballo ganador, el menos jugado, la carrera no terminó en ese último codo con la imagen que nadie quería ver.
Big Brown, el que iba a terminar con 30 años de maleficio al ganar la Triple Corona, trotaba desarticulado, abriéndose de la fila que se disponía a encarar la recta más larga de Estados Unidos. Su jockey, Kent Desormeaux, mostraba el único rapto de lucidez que se le advirtió desde que largaron: sostuvo fuerte las riendas para atrás para aliviarle los dolores al caballo de la hazaña inconclusa.
En la suelta, el jinete no apuró lo suficiente para doblar el codo primero y evitar roces, lo aconsejable por su puesto uno en la gatera; por eso Big Brown estuvo a punto de pialarse en las patas de Da Tara, que salió rápidamente para ocupar la punta y ya no dejarla.
Después, Desormeaux trató de sacar al favorito hacia la derecha, pero volvió a chocar, esta vez con Anak Nakal, lo que no le impidió correr por afuera, en el tercer puesto. El relator de Belmont Park decía: «Desormeaux espera». Como todos, pensaba que en cualquier momento impulsaría a Big Brown para superar a Da Tara y Tale of Ekati. Pero el jockey movió las riendas y las diferencias entre los tres seguían intactas, hacia el final del opuesto. De todas formas, sólo cuando se advirtió aquel movimiento en retroceso, de un caballo en problemas, sólo allí la gente se convenció de que ya no sería testigo de un acontecimiento histórico. Dirigido por el peruano Alan García, de 23 años, Da Tara (Tiznow) vino cómodo todo el trayecto, por eso pudo escapar en el derecho, frente a las tribunas estupefactas, para ganar por cinco cuerpos y un cuarto sobre Denis of Cork; Anak Nakl y Ready’s Echo empataron el tercer puesto, a dos largos y tres cuartos del escolta. Dijo Desormeaux: «La pista no lo favoreció y resbaló. Lo ubiqué por afuera y vino muy suave. Big Brown quería salirse de la brida, pero yo diría que ya no tenía caballo y lo cuidé (deteniéndolo)». El gran protagonista del espectáculo cruzó el disco al trote, último. Los veterinarios no encontraron a primera vista algo anormal en la mano izquierda de Big Brown, mortificada por una hendidura en el vaso, que fue reparada para esta carrera. «Vamos a ver qué pasó; parece que él vivirá una buena vida si no vuelve a correr», dijo Rick Dutrow Jr., el entrenador de Big Brown, desilusionado.
Extraído de La Nación.
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