Cerro y la ilusión del primer chico que quiso ser grande
Sucedió en el torneo de 1960, compartiendo el lugar con Peñarol, con quien hubo de jugarse una final, al cabo obtenida por los aurinegros que se impusieron por 3 a 1.
Pero el impulso logrado por la pujanza, creatividad y audacia de los dirigentes de la época, presididos por el talento de Luis Tróccoli, fue prolongado en el tiempo por la visión de quienes le sucedieron en el cargo como Curbelo Grajales, connotado funcionario jerárquico del Palacio Legislativo que además fuera delegado del club ante la Asociación Uruguaya de Fútbol.
Después fue tiempo del Capitán de Navío Juan Bonfrisco, docente en la asignatura de Matemáticas y experto en el tema de las finanzas, detrás de quien llegó un producto de la aldea del Oeste que excede a la Villa, abarcando La Teja, Pueblo Victoria y el Pantanoso.
Audodidacta, militante social, político y gremial, Mortimer Valdéz entregó su aporte inestimable, en momentos complejos del país cabalgando en una improstituible vocación y principios innegociables.
Marcando un récord, además, pues en diferentes períodos, llegó a ejercer la presidencia durante 18 años.
La frustración de no culminar en Vuelta Olímpica aquella campaña del año 60, no fue óbice para resignar los sueños e ilusiones acumuladas, a despecho que, en la medida que el país se iba a pique en su índice fundamental de la producción, la industria y el comercio, la peculiar barriada también perdía fuentes de trabajo y enfilaba hacia la emigración, perdiendo incidencia en el apoyo y surgimiento de la institución.
El Estadio Tróccoli: un sueño hecho realidad
Pero hubo objetivos a los que no se renunció a pesar de todo.
Ya señalamos la adquisición de la lujosa casona del Prado y la erección del coqueto Estadio, sito en Santín Carlos Rossi y los accesos, que mantiene su vigencia, original arquitectura y estética, con algunas particularidades que es bueno señalar.
El escenario, en un principio, tuvo su capacidad locativa en un total de 25.000 espectadores. De hecho los hubo el día de su inauguración y en más de una jornada con presencia de los grandes, la propia selección o cotejos de nivel internacional disputados por el cuadro albiceleste incluida la edición 1995 de la Copa Libertadores de América, con la dirección técnica de Gerardo Pelusso.
Pero recordamos, por ejemplo, que las tribunas Chile y Paraguay, situadas detrás de los arcos, fueron estructuradas para estar de pie y en más de una oportunidad se informaba ese especie a los aficionados, que optaban por sentarse, más allá de la incomodidad que ello representaba.
Y vaya fiesta la del 22 de agosto de 1964, día de la inauguración, cuando Cerro recibió a River Plate de Buenos Aires, integrado por figuras de la talla de Amadeo Carrizo y Hugo Orlando Gatti, Luis Cubilla y los Onega, José Varacka, el Negro Ramos Delgado que culminó su brillante carrera en el Santos de Pelé. Hasta hubo una torta gigantesca y una disfrutada goleada del local que derrotó a los millonarios por 5 a 1.
El tacuaremboense Wildemar Bentancur, a la sazón flamante director técnico albiceleste, presentó aquella tarde memorable a Sadi Martínez, Dalmao y Cabral; Benítez, Darcy Pereira (Ica) y De Britos; Odón Ribeiro, Cacaio, Eduardo Restivo, Julio César Cortés y Pintos. Movieron el placard Juan Pintos en dos oportunidades, Restivo, Ica y Cacaio, descontanto Pinino.
Más para los de la banda roja.
La nota pintoresca fue dada por Cubilla que se fue de la cancha, alegando que Miguel De Britos, su marcador ocasional, no le puso al cotejo tono de «amistoso» y al decir del sanducero «me está curtiendo a patadas».
Se detuvo el encuentro y presuroso se vio al propio Luis Tróccoli descender desde el palco a los vestuarios, para convencer al genial puntero que accediendo a su pedido retornó al campo de juego.
La aventura de abrir otros mercados
Pero antes, durante y después de los episodios registrados que han marcado con intensidad la trayectoria de los albicelestes, hubo emprendimientos que le llevaron a lugares del planeta, donde ni Nacional, Peñarol o la Selección habían jugado alguna vez.
Así se rememora el periplo que le llevó por la ignota región del Mar Negro con notables actuaciones en Rumania y Rusia, por ejemplo, con la anécdota del partido disputado y ganado en Odessa, que trabajo a través del éter, el relato de Gisleno Medina, que no era otro que el zaguero izquierdo de los de la Villa, quien no fue de la partida en esa ocasión. Dicho sea de paso, Gisleno, hoy próspero empresario radicado en México, donde culminó su carrera, tuvo una extensa trayectoria en el fútbol argentino junto a su hermano Orlando, defendiendo a Colón de Santa Fe, en tanto este último prolongó una notable carrera profesional en Boca Juniors.
Vale destacar las actuaciones de 1962, albores del fútbol en los Estados Unidos con la posterior aparición del Cosmos de Pelé, Beckenbauer y Chinaglia.
Allí se apareció Cerro, que además llegó a representar al estado de Nueva York, con el nombre de Skyllener, llegando a consagrarse como el mejor en tal ocasión.
La activa participación del empresario italiano que realiza las transferencias de Juan Alberto Schiaffino y Alcides Edgardo Ghiggia, un tal Rossi, permitió por su vinculación con Tróccoli, la concertación de otros encuentros donde derrotaron a equipos de las colectividades de Alemania e Italia, Deportivo Portuguesa y Valencia de Venezuela, Vitoria Setubal y el famoso Benfica de Eusebio, Torres, Aguas, Coluna y Simoes, ante quien se logró un increíble empate en 3 goles, con una actuación inolvidables del «Chango» Jorge Laclau que anotó dos de los tres goles, siendo el otro anotado por José Gervasio Gómez.
Una tarde noche donde jugaron el Flaco Luis Rodríguez, el Sandía Wilson Kenez y el isabelino Micheli; Wálter Trueba, Jorge Techera y el Cata Amaral; Felipe Galarraga, el Negro Bustos, Robert Arzola, actual gerente deportivo del club, Gómez y Laclau. Allí alternaban e integraron esa delegación el maragato Omar Garate, Marito Silva, Rafael Pan entre otros.
Las delicias del Mar Caribe también fueron sometidas por los aventureros, que estamparon estrepitosas goleadas de 6 a 0 y 11 a 0 a noveles seleccionados como los de República Dominicana y Curaçao.
Pero se trajeron la «platita», el gran objetivo de aquellas giras que servían para equilibrar presupuestos, aprovechando el interés que despertaban los equipos uruguayos.
Otro tiempo donde todavía existía respeto por nuestro balompié y Cerro supo ser abanderado.
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