HAY QUE AVISARLE

Quince años no es nada

Por Enrique Yanuzzi

Volvió Fénix. El viejo instituto de Capurro, está de retorno. En 1986 descendía, dejaba de jugar los domingos y pasó de todo.

Incluso tener que descender a la divisional C. Pese a todo, Fénix, como lo dice su propio nombre, retomó su vuelo y ya está otra vez en primera.

Fénix tiene un montón de historias propias del fútbol barrial. Todos los que estamos en este deporte conocemos lo que han significado «Melchor» y «Vintén» por ejemplo para la propia vida de los albivioletas.

Durante años se hizo popular aquello del «Fénix no baja», llegaba fin de año y siempre igual, los de Capurro con el agua al cuello y aparecía la garra, el temple y Fénix no bajaba.

Grandes jugadores pasaron por el Parque, jugadores de estirpe, de calidad. Tuve una gran admiración por un ocho de aquellos, de los de antes, Juan Machado, «Machadito» como le decía la parcialidad. Machado tenía la moña en la punta del botín. Bagalciague, un presidente histórico de Fénix, cada vez que iba al Estadio, le pagaba por cada «caño» que le hacía al 5 del grande.

También pude ver desde el terraplén que estaba entre el bloque de los apartamentos y la cancha, a Zacarías González, Dávila, los Martínez, Isabelino, Ruben y el padre del «Manteca», Carlos.

No me olvido de Beltrán, de Vera o del «Malevo» Torena, un puntero izquierdo de aquellos.

Fénix es Capurro, tiene identidad, tiene pueblo, habrá que protegerlo, tendrá que jugar en su cancha, en su barrio, en su zona.

Hoy vuelve Fénix de la mano de Miguel Angel Puppo, un ganador reiterado en esto de los ascensos. Estoy enterado de que mucho se sufrió, que los mangos faltaron a la cita más de una vez, pero pudo mucho más la calidad de los jugadores que toda la adversidad junta.

Me alegro por Fénix, por su barrio, por su vuelta. Ya era muy grande la penitencia de 15 años en la B.

El desafío es muy grande, jugar los domingos significará tener más divisionales, profesionalizar el plantel y por sobre todas las cosas cumplir con los que hicieron posible este ascenso.

Dentro de la lucha estará sin dudas en Capurro. Mejorar su piso, ponerse al día con la televisión y hacer algunos escalones de prefabricada sobre los taludes detrás de los arcos.

Muchos son los frentes, pero el sacrificio, la identidad que tienen los albivioletas harán posible todo eso y mucho más. Bravo viejo Fénix, por el retorno, por la vuelta a tener que comer apurado los domingos para recorrer el país atrás de este sueño de ver un Fénix grande, como el que armó en el ’78 el profe De León o el finado Giorello.

Capurro está de fiesta, su hijo está en primera, la lucha está en la gente, el sacrificio en momentos difíciles y la identidad, algo que no se compra en la farmacia. Esto último con independencia es lo que hará grande al equipo de «Melchor» y «Vintén».

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