Calavera no chilla
Este viejo adagio popular tiene varias interpretaciones, para quienes más las sufren, que por supuesto son los hinchas, que palpitan inexistentes arreglos extracancha, muchas veces estimulados por los ganadores de turno, que se dejan colocar la grifa de vivos, sín siquiera percibir que esto es muy momentáneo y en un parpadear, pasan para el cuadro de los nabos.
Estos turnos alternativos, vivos-nabos, reflejan en unos pocos sus consecuencias, que generalmente consiguen un beneficio ecónomico, pero dejan una secuela de descreimiento, en el hecho natural de lo que sígnifica una competencía, alejando al cliente consecuente del fútbol, poniendo además un signo de alarma, que se manifiesta, notoriamente, con vacíos pronunciados de espectadores en las tribunas.
Infinidad de veces escuchamos el consabido «se ganó a lo Peñarol», que justifica triunfos increíbles, pero que también desmerecen a victorias memorables, basadas en la calidad y el temple de los jugadores aurinegros, que al facílismo de argumentos estúpidos, como el de «está todo arreglado».
Sorpresivamente, Peñarol amenaza con no jugar la liguilla, desvirtuando una historia de cero quejas, impuesta por el inefable, inteligente y carismático don Washigton Cataldi, que marcó un hito en este sentido. Pero con esta amenaza, remarcan dos intencionadas situaciones, la primera, presionar designaciones y futuras actuaciones de los árbitros frente a Defensor, segundo sentar un precedente, dejando pendiente la continuidad del Colegio de Arbitros, con semejante actitud, no vislumbramos transparencia, para una ligilla, sazonada de complejas discrepancías y recelos, en vez de augurar un fútbol pleno y bien jugado.
Para completar esta complejidad en que está sumida nuesta AUF, el señor presidente de la misma está de viaje, andá a saber con qué secretos própositos y beneficios para nuestro fútbol, dejando el comando en manos del señor Washingtón Rivero, en una espartana tarea, nadando con los tiburones, tratando de sobrevivir milagrosamente, quizás lo consiga, pero el precio es de un volumen tan enorme, y, lo que es peor, quien lo deberá pagar, como siempre, es el fútbol en general.
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