Dieguito como el abuelo y el papá

Antes que nada quiero hacer una aclaración, no estoy pidiendo a este botija para la Selección. Después el «mandadero» le pasa los datos cambiados al Káiser y se arma la de San Quintín.

Cuarenta y ocho horas atrás me puse con mi hijo a ver un partido más del fútbol argentino, algo que, como en todos los hogares uruguayos, molesta al resto de la familia, pero qué le vamos hacer, el fútbol es una pasión intransferible. Volviendo al tema, en la pantalla estaban para jugar un partido atrasado, el campeón del Mundo Boca Juniors e Independiente. De ganar el equipo de la Ribera porteña era el Campeón del Apertura 2000.

Independiente es, sin lugar a dudas, el equipo más consustanciado con los grandes jugadores uruguayos que triunfaron en Argentina. A vuelo rápido de pájaro, uno puede recordar al «tano» Porta, Pavoni, Roland, Goyén, Garisto, Alzamendi, todos ellos campeones y no me olvido del abuelo de este botija, Nino Corazzo.

El nieto es nada menos, hijo de tigre, me refiero a Diego Forlán.

Boca Juniors con todos los campeones, los grandes jugadores como Córdoba, el «patrón» Bermúdez, Serna, Riquelme, Palermo. Los rojos con un montón de pibes porteños. Entre ellos, ese gran jugador que es Cambiasso y el botija uruguayo, Dieguito Forlán.

De pronto una pelota «viva» en el área y una media vuelta propia de un delantero bárbaro: golazo; ni la vio el promocionado y gran arquero colombiano. Estalla la doble visera de Avellaneda y renace el grito de: uruguayo, uruguayo, uruguayo, el destinatario, por lógica, fue Forlán.

El hijo de Pablo Forlán fue reconocido como tal en el Sudamericano de Mar del Plata o en el mundial de Nigeria, hoy ya dejó de ser «el hijo de», para transformarse en Diego Forlán, titular de un equipo histórico para los uruguayos como es sin dudas Independiente.

Por supuesto que luego del golazo me metí más en el partido. El botija estaba cargoso, aparecía por derecha, por izquierda, encaraba, no le importó que el «patrón» Bermúdez lo estuviera esperando a pie firme. Siempre la quiso, siempre la peleó y fue el respiro del agobio que le metía al rojo, nada menos que el campeón del Mundo.

Cuando el partido se complicaba, una pelota más para el botija, enfrente le sale la defensa boquense en línea, sale rápido el balazo, las manos grandes de Córdoba no pueden y el gol, su segundo gol termina por matar al Campeón Intercontinental y hace posible que los rojos quedaran roncos y locos de la vida. Doblete, gran partido, imparable para los defensas y una noche que me llenó de alegría.

Por suerte no me perdí este partido, por suerte lo vio mi hijo de once años y observó un jugador uruguayo siendo el protagonista de un encuentro fundamental, en un país que sin dudas está, entre los cinco mejores del Mundo.

Valió la pena, el enojo esta vez del resto de la familia femenina, Dieguito la rompió y todos aquellos que conocemos a Pablo, su papá, nos imaginamos la alegría de toda la familia Forlán, que también es de todos los uruguayos que estamos unidos por la pasión del inigualable fútbol.

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