El "dale campeón" llegó hasta el octavo piso
Por JULIO CIFUENTES
«Porque al manya lo quiero, lo vengo a alentar; al Estadio, y a la cárcel mucho más…»
Más de doscientas gargantas de hinchas carboneros entonaron esta nueva canción, con la mirada clavada en la puerta de Jefatura, en el 1316 de la calle Yi, como queriendo que sus voces se metieran por allí hasta llegar al octavo piso, donde están recluidos los seis futbolistas y el técnico carbonero.
Los fanáticos aurinegros se ubicaron sobre esa puerta, la única habilitada los fines de semana para ingresar a Cárcel Central, a la espera de que llegaran los jugadores del Campeón del Clausura, pero solamente llegaron hasta el lugar el brasileño Cafú y Carlos Bueno, ingresando por la puerta de la calle San José, sin ser vistos por el grueso de la hinchada.
Uno por uno, los nombres de los jugadores aurinegros detenidos fue coreado por la multitud, que tiñó de amarillo y negro la calle Yi entre 18 de Julio y San José. Primero Elduayen, luego Darío Rodríguez, De Souza, el «Tato» García, De Los Santos, Ribas y Césaro, escucharon desde el octavo piso de la cárcel cómo la hinchada coreaba sus nombres.
Todo fue normal y tranquilo hasta que apareció por la calle San José, a la altura de Ejido, el grueso de la hinchada aurinegra que llegó desde el Estadio; en ese momento hubo una gran movilización de efectivos policiales para formar una barrera a la altura de Yaguarón.
En ese momento se temió por un enfrentamiento entre hinchas y coraceros, pero el grupo de parciales se desvió por Yaguarón y llegó hasta la puerta de Jefatura por «18», evitando el choque ante los uniformados.
Pacto de caballeros
En cuanto estuvieron todos juntos frente a Jefatura, los propios hinchas carboneros se encargaron de formar un cordón humano, para evitar cualquier tipo de roces con las fuerzas del orden. Hubo algunos empujones, y algún que otro proyectil, pero inmediatamente el grupo de parciales fue «organizado» por tres o cuatro, que se encargaron de calmar a los más exhaltados.
En esos momentos, mientras la multitud saltaba y cantaba, se temía por parte de las autoridades que se produjeran incidentes, fundamentalmente cuando estacionó su auto frente a la puerta de ingreso el mayor Raúl Alcántara, perteneciente a la guardia de Coraceros, y fue rodeado inmediatamente por los hinchas allí presentes.
El mayor Alcántara, que vestía pantalones de jean y alpargatas, recibió el pedido de uno de los hinchas para que uno de ellos pudiera ingresar a dialogar con los jugadores, comprometiéndose a que abandonarían el lugar si se les permitía hacerlo.
Fue así como ingresaron a la dependencia carcelaria Juan Pedro Ribas (que en todo momento estuvo intentando controlar la situación para evitar cualquier tipo de disturbios), el mayor Alcántara y José Salvatierra, en representación de la hinchada aurinegra.
Quince minutos más tarde, los tres bajaron y Salvatierra se dirigió a la hinchada, diciendo: «Muchachos, hablé con Ribas; están bien, está todo bien. Dicen que si queremos saltar, cantar o aplaudir, que está todo bien, pero que no provoquemos desmanes.
Que si queremos quedarnos cantando nos quedemos, pero ellos nos piden que nos retiremos, para no comprometer todavía más la situación de ellos. El juez no los dejó salir porque tiene el bolso abajo, pero ahí adentro con ellos todos se han portado de maravillas.
Así que nos vamos, seguimos hablando en la otra cuadra».
Antes de partir, Salvatierra dialogó con LA REPUBLICA, comentando que «hablé con Julio (Ribas) en la celda, y también estaban todos los jugadores, los de Nacional también, me dijo que si nos vamos es mejor para ellos, no quieren que se complique acá abajo».
Cuando los hinchas carboneros se marcharon hacia 18 de Julio, no sin antes advertirle a los policías presentes que ellos no tenían nada que ver con el grupo que estaba robando comercios en nuestra principal avenida, Juan Pedro Ribas y los encargados de la guardia suspiraron con alivio, porque todo se desarrolló sin incidentes. El mayor Alcántara comentó cuando todo ya había quedado en calma: «Si los tipos me ven uniformado provoco reacción, yo no vine de vaquero y alpargatas de casualidad. No era nada propicio que se arme un problema en un lugar que había niños, mujeres embarazadas, porque tendríamos otro problema más. Hoy demostramos que la Policía también piensa a veces, yo comprometí mi palabra de honor y el hincha la suya. Los dos cumplimos y todo terminó bien».
Gracias al ejemplar comportamiento de la hinchada de Peñarol, que evitó cualquier tipo de incidentes, y al eficaz operativo policial, los festejos frente a Cárcel Central se desarrollaron normalmente.
Desde la calle, la hinchada ofreció su homenaje a los futbolistas detenidos, que vieron el partido por televisión primero, y escucharon los cánticos después.
El que sonó más fuerte es ese que dice: «Porque al manya lo quiero, lo vengo a alentar; en las buenas, y en las malas mucho más…»
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