Sacrificio: el sinónimo del Peñarol campeón
Por HEBERT RODRIGUEZ DIAGO
Fue emocionante observar el estado de ánimo de los jugadores aurinegros luego de finalizado el partido en el cual le ganaron a Huracán Buceo y obtuvieron el título de Campeón del torneo Clausura.
De no ser porque los hinchas se merecían ver a los jugadores saludando y con la copa obtenida en la mano, creo que quizás se hubiesen ido rápidamente del campo de juego. Para los jugadores no hubo festejo, el ánimo no estaba para fiestas y eso es real. Concurrimos a una finalización de campeonato atípica. Con jugadores profesionales encarcelados que sus compañeros extrañaron a la hora del triunfo. Y faltó, nada más ni nada menos, que el conductor fuera del campo, Julio Ribas.
De todas maneras, más allá que los mayores y el propio capitán Bengoechea le puso la mesura al festejo, los más jovencitos no se pudieron abstraer del efecto contagioso embriagador de las tribunas. Ese sentimiento que logran los hinchas fieles y que llena por dentro y transforma a los jugadores.
Fue una ofrenda, un trofeo a los dioses que le dan color a los partidos, al hincha. Pues sin jugadores no habría fútbol, pero sin hinchas sería horrible. Además muchos coinciden en que obtener el Clausura era una obligación para buscar el objetivo mayor que puede resultar de la disputa de las finales, el título de Campeón Uruguayo. En resumen se juntaban varios argumentos para no realizar un festejo muy alborozado, por el contrario mesurado.
El partido fue anécdota
Desde el comienzo del encuentro se vio que Peñarol tendría la iniciativa en el encuentro. Pese a que en el resumen final no jugó bien y volvió a mostrar algunas carencias en ofensiva para liquidar mucho antes a un rival, que prácticamente no existió. Por esa misma razón, tampoco se puede analizar la actuación de la defensa aurinegra, pues el tricoplayero fue muy tibio en ataque.
Por esta razón el partido comenzó a definirse a los 13 minutos cuando José Franco convirtió un golazo, empalmando la pelota casi de media vuelta, para sacar un fuerte remate a media altura, inatajable para Javier Piña.
Sin embargo cuando todos pensaban que la fiesta se podía rubricar con una goleada el partido decayó, culminando el primer tiempo con un trámite muy aburrido. Muy aisladas fueron las posibilidades de gol, quizás la que se perdió Franco nuevamente a los 33 minutos cuando se pasó en la carrera y erró el taco, tras un envío de Serafín García que desbordó hasta la última línea, fue la más importante. O la última del primer tiempo cuando Carlos Bueno tocó por encima de la salida del arquero, tras excelente habilitación de Bengoechea, y se fue apenas afuera. Después poco más para anotar en el haber aurinegro. Por el lado del apático Huracán, dos jugadas protagonizadas por Carini, que fue el delantero más inquieto, pero inexplicablemente fue el primero en ser sustituido por Angel Castelnoble.
Carini fue quien protagonizó la primera llegada de su equipo, recién cuando transcurrían 27 minutos del partido logró rematar y la pelota se fue apenas afuera por encima del travesaño. Y luego a los 34 minutos otra vez el rubio delantero cabeceó ganándole a la defensa y la pelota pasó muy cerca, mientras que Martínez quedaba clavado haciendo vista. Fue el primer gran susto que vivieron los hinchas aurinegros. Peñarol dominó toda la primera parte, pero sin embargo se fue al descanso ganando sólo por un gol.
Cuatro minutos y se terminó el partido
Tan solo transcurrían 4 minutos del segundo tiempo cuando Marcelo Romero metió una pelota en profundidad por entre medio de los defensas dejando a Bueno habilitado, con el balón dominado y de frente al arquero Piña, quien se agazapó para tapar el arco pero dejó pensar al delantero y éste definió con maestría. De allí en más el partido estuvo liquidado, lejos estaba Huracán de poder hacer un gol. Más allá de las variantes que intento Castelnoble, cuando sacó a Carini y Uriel Pérez, los delanteros más experientes que tiene en el plantel pese a la juventud de los jugadores. Pues Novas y Denis que ingresaron, poco aportaron para cambiar la historia. El africano Uzoma, tuvo ganas e intentó imprimir velocidad, pero fue muriendo poco a poco y bajando las revoluciones, frente a los defensas aurinegros.
Por esa razón los 41 minutos restantes estuvieron de más, sólo cuatro hasta el segundo gol y después se terminó el partido. El hecho de los ocho meses sin cobrar y el mal entrenamiento de los jugadores de Huracán se notó claramente. No son responsables, pusieron todo lo que estuvo a su alcance mostrando dignidad, pero no alcanzó ni medianamente para ponerse frente a Peñarol, que caminando en la cancha ganó el partido. Lamentable fue el final de Huracán jugando con diez hombres pues López se acalambró, fruto del cansancio y falta de un entrenamiento adecuado, y no se podían realizar más cambios. Incluso los aurinegros en los últimos diez minutos perdieron tres o cuatro chances más de gol, algunas por la definición, otras por el arquero Piña que se interpuso salvando su arco.
No hay afloje, ahora viene los más duro
El árbitro Vázquez finalizó el encuentro y para Peñarol comenzó otra etapa, quizás aún más dura. El trabajar con vistas a las finales por el título del Uruguayo 2000. Independientemente de las sanciones, y de lo que puede pasar en estos días, pues aún no está claro cuántos partidos estarán suspendidos los jugadores, ya que sólo existe «la preventiva», la definición será muy dura. Ya lo demostró el clásico último jugado.
No es la primera vez que Peñarol tiene que jugar un torneo como el Clausura y donde lo único que le servía era ganarlo. Con esa carga sobre sus espaldas disputó cada partido. Con sufrimiento en algunos, empujando en otros para lograr sumar y llegar a lo de ayer por la tarde.
Es la historia misma que los fantasmas del barrio Peñarol, de aquellos obreros del riel, de camisas transpiradas que dejaban la vida en cada jornada, desempolvan en los partidos. Los fantasmas negros, de los carboneros que dibujan la blanca sonrisa de sus dientes en el festejo. Esos mismos, que vienen al estadio en cada cita y traviesamente se posan sobre el «lomo» de los jugadores en cada torneo Clausura. Peñarol está nuevamente en la final del Uruguayo y se consagró bicampeón del Clausura, por eso simplemente ayer se escuchó en distintos lugares un sencillo pero emocionado: «Salud, campeones».
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