Reyes magos, la salvación de este fútbol
Cayó el telón del final. Vale la metáfora teatrera, o carnavalera, ¿porqué no? para ilustrar el momento y la situación de nuestro fútbol.
Otrora, a esta altura, cuando surcaban el espacio los corchos y tapones, mientras se desparramaba la sidra y el espumante por doquier, despidiendo al año viejo y recibiendo al nuevo, las novedades estaban al orden del día. Ya fue ilustrado nuestro punto de vista en la columna anterior. Nada ha cambiado. O todo.
Es que habida cuenta de esta forma de disputa, cuando en diciembre se festejaban los títulos y se lamentaban los descensos, ahora apenas se conoce la mitad de la historia. Al parecer la temporada jugada «a la europea» no conforma a nadie. Por lo menos a unos cuantos, que batallaban para intentar acomodar los zapallos en el carro.
Que nada es lógico por cierto, en este fútbol uruguayo de cada día.
Nuestro compañero Ricardo Gabito señaló con precisión meridiana los acontecimientos suscitados en el último congreso de la CSF.
En lo que a nuestra política importa, marcando el desaire, más allá de una clara derrota propinada a su planteo, establecido sobre el presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol.
Consecuentemente, ante la ausencia del titular de la Conmebol doctor Nicolás Leoz, asumió la investidura el vicepresidente Eugenio Figueredo, que ya sabemos cómo manejó los hechos ante la reivindicación de los derechos del club Defensor Sporting para jugar determinadas fases de los torneos internacionales oficiales, llámese Copa Libertadores o Copa Sudamericana, lo mismo que cualquier otro instituto de nuestro país que quisiera ejercer la localía en el Parque Rodó. El doctor Corbo sintió el duro golpe en carne propia, de la escasa consistencia que nuestro medio ostenta en el plano internacional. Más allá de la actitud de Figueredo, que no es novedosa, vaya el directo mensaje para los incautos que no asimilan los cachetazos que dos por tres recibimos estoicamente. En que las cosas son como son, que no como deben ser.
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