Victorias sufridas y distintas
Por Enrique Yanuzzi
Los grandes ganaron este fin de semana. Los dos sufrieron, pero los triunfos fueron conseguidos por distintas vías.
Nacional en su visita a Tacuarembó, logró vencer al dueño de casa luego de hacer un gran desgaste.
El equipo de Hugo De León, no ha recobrado la línea del Apertura 2000, torneo que ganó de punta a punta.
En el primer tiempo, el equipo se mostró repetido y con poca vivacidad. No desarrolló buen fútbol en el medio, muy lento, tampoco tuvo un enganche neto, recién apareció en el segundo tiempo Omar Pérez, que allí sí, mostró cosas interesantes.
Más allá de todos los problemas que mostraba Nacional, los tricolores tienen un goleador de raza, Sergio Martínez, no la había tocado prácticamente, una distracción fatal de Tatap en el medio y «El Manteca» bien de filtrador enfrentó al buen portero Modernell y la mandó a «guardar». Esa es la justa.
Todo el desgaste del primer tiempo fue del local. Pelota y cancha, es cierto sin llegar, pero cuando un equipo tiene un jugador como Martínez basta una sola para liquidar el pleito. Eso fue lo que pasó. Después en el segundo tiempo pasaron varias cosas. La fundamental, el tricolor tuvo una mejor línea futbolística. Nació de los pies del «loco» Omar Pérez y de la velocidad incontenible por momentos de Mario Regueiro. El campeón del Apertura 2000, debió marcar algún gol más. Modernell estuvo muy bien y Sergio Martínez, cosa de goleadores, perdió uno increíble debajo del hierro horizontal. Victoria apretada, sufrida y merecida, la lograda el pasado sábado en el Norte del país.
Sufrió más
Cuando se terminaba el partido, Rabino había dado cuatro minutos de descuento, a los 47 del complemento un centro más. Típico pelotazo llovido, de desesperación, de haber si pasa algo, terminó en golazo de Romero –¿cuándo no?–. Así ganó Peñarol, sufriendo, casi hasta el límite, pero ganó y la punta y la ilusión siguen vivas.
Los aurinegros no quisieron entrar en la locura de pasarse de rosca y tratar de ganar el partido en diez minutos. Buscaron por abajo, intentaron triangular, pero se pasaron para el otro lado y el primer tiempo sólo mostró una clara chance de gol de Bengoechea y como contrapartida un cabezazo de Alzueta en el palo.
En el segundo tiempo lo de Peñarol fue malo, sin peso ofensivo y con un pasar rápido de reloj todo se fue complicando.
Tanto se complicó el partido para los aurinegros, que nadie en el Centenario pensó en ese gol final.
Centro de Cedrés, el «puede ser» y el «Beto» Romero que provoca la locura colectiva. Gol, el agua al cuello y el alivio cuando se estaba en el descuento.
Los dos ganaron sufriendo, pero Nacional ganó jugando algo mejor, muy poco es cierto, pero fue más claro en la antesala del clásico.
La punta es carbonera, Nacional depende de sí mismo y Defensor espera noticias en el Parque Rodó.
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