Goles son amores
Los viejos periodistas que supieron convivir con la etapa más gloriosa del fútbol oriental le pusieron la marca en el orillo a ciertos axiomas, que han quedado como verdades reveladas, que sí lo son con respecto a situaciones que, por reiteradas, enmarcan dichas sentencias. Gol errado es gol en contra. Goles son amores. Los goles no se merecen, se hacen. Los partidos se ganan con goles.
Y así podíamos seguir con una lista interminable que, en todo caso, resulta de sinónimos que, al cabo, expresan exactamente lo mismo. Historia reiterada que, esta vez tuvo como escenario al gigantesco Pacaembú y como protagonista, desdichado, al combinado celeste.
Los arqueros también juegan
Partamos de la base que ni el más optimista imaginó la soberbia presentación compatriota, por lo menos en el período inicial, a despecho de que no se tuvo el mismo rendimiento en el complemento, pero se mantuvo la supremacía establecida en los primeros 45 minutos. Bueno es señalar también que no pudo ser peor la exhibición brasileña, con alarmante bajo nivel en varios de sus cracks, pero ello no va en demérito del trabajo del joven elenco uruguayo. Que dicho sea de paso, hizo bajar al verde césped paulista, a una integración que nos hubiera gustado ver ante Chile y en el Centenario, por características de sus jugadores y, en el plano colectivo la destreza, ambición y variantes evidenciadas en el plano ofensivo. Quizá tuvo que ver la instancia crucial que significaba el partido ante Brasil, en medio de un clima ominoso, renuncias y rumores varios. Era público y notorio a pesar de los desmentidos de turno. Lo cierto que la bola no entró en el arco de Julio César las veces debidas y sí en el de Carini cuando debió pasar a la inversa. Obvio, la diferencia también estuvo en los arqueros.
De clásicos también se vive
Pasado que fue (o no) el trago salado, más que amargo, de la derrota ante los norteños, volvemos a la actividad de cabotaje. Y nunca tan bien empleado el término, habida cuenta de la novelesca trama, que ha precedido al arribo del devaluado clásico en que ha devenido este nuevo choque de los cuadros que más adeptos tienen en el país.
Resulta inconcebible todo lo transcurrido en torno a la ubicación de las hinchadas, adjudicación de tal o cual tribuna, garantías de seguridad para el aficionado y los actores. La improvisación, una vez más, ha sido reina y señora, lindando con lo ridículo en cuanto a algunos argumentos esgrimidos por quienes integran los organismos responsables de guardar el orden. Dudas no caben de que hemos asistido a una pulseada sobre quien ostenta el poder en las decisiones. Con incoherentes y disímiles propuestas, por ejemplo, si comparamos cómo se definió jugar en el Tróccoli el cotejo entre Cerro y Peñarol. ¿Del partido? Esta vez la instancia crucial la afrontará el técnico de Peñarol, en función de la pobre campaña realizada y los vientos de fronda que le acechan. Pero una gran actuación del equipo y, ni que hablar, una victoria, asegura la continuidad de Matosas. Nacional es quien mejor arriba al duelo, sin que le sobre demasiada tela, a través de la seriedad impuesta por Pelusso, técnico serio si los hay, trabajador y estudioso. Que además ya ganó tres partidos seguidos, esa es la verdad de la milanesa. *
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