La historia vuelve a repetirse
El fútbol uruguayo de estos tiempos, está emparentado con el tango y no es precisamente por la sensual cadencia de su danza, sino por los dichos y los formulismos cotidianos que sus textos implican.
Por ejemplo, al igual que en «Por la vuelta», de la inspiración de Cadícamo y Tinelli, parece que «la historia vuelve a repetirse».
Por lo menos lo sindica el resultado de la víspera en el Centenario. Histórico desenlace que estampará que por primera vez, en instancias mundialistas, Chile le arrebató un punto a Uruguay en el Campo Chivero.
Y no es un tema menor, habida cuenta que en este sistema de Eliminatorias, en especial para los celestes, es fundamental ganar todos los puntos que se disputen como local. Al menos la mayoría de ellos, si pretendemos no padecer una nueva frustración, quedando una vez más fuera de la Copa del Mundo, como nos sucedió con la anterior disputada en Alemania.
Y es que más allá de la definición por penales, charter sí o charter no para viajar hacia Australia, que una pelota en el palo o un deficiente fallo arbitral, fueron nuestras culpas las que nos condenaron cuando dejamos una enormidad de unidades en nuestro territorio.
Incluyendo la humillación de las derrotas ante Venezuela y Perú. Lo dijo el propio director técnico del Seleccionado compatriota. Los puntos de local hay que ganarlos si pretendemos clasificarnos de manera directa.
Pues bien, a despecho de la goleada propinada a una débil representación boliviana, que igualmente desnudó carencias en nuestro equipo, pronunciadas en mayor medida cuando enfrentamos a Paraguay, existía la certeza que era necesario un superior nivel en el funcionamiento del combinado, si pretendíamos obtener resultados positivos en la pretendida marcha hacia Sud Africa 2010.
Meritorio y entusiasta
Y el partido ante los trasandinos nos puso de cara a la realidad. Acentuando limitaciones en el funcionamiento. Hubo flaquezas en el fondo y en el medio del campo.
Enorme entrega y entusiasmo, tesón en la disputa de cada pelota dividida y perseverancia para no darla por perdida.
Pero no alcanza con esos atributos en este nivel de competencia.
Faltó elaboración de juego, una mayor prestación técnica, con precisión en la entrega y en la definición, para sacar ventaja de los mejores momentos que ofrecen los noventa minutos de un partido.
Scotti no funcionó, lo mismo que en la capital paraguaya, además de jugar «regalado» buena parte del encuentro luego de ser amonestado. Vaya en su favor la indesmentible entereza para seguir actuando a pesar de su lesión.
Lugano vacilante, Gargano y Pérez imprecisos con el útil, quedando el despliegue de Rodríguez, encomiable en su esfuerzo pero embarullado a veces por su tendencia a un traslado excesivo del balón.
Fue difícil concretar desbordes por las bandas y se jugo apurado.
El tardío ingreso de González en un trámite complejo, no pudo torcer el mismo, si bien genero algunos intentos por la izquierda y algún cambio de frente, intentando descomprimir un panorama complicado.
Vale el esfuerzo de Suárez, Sánchez y Abreu, pero no es suficiente.
Chile que se vio en desventaja cuando había tomado las riendas del partido, supo sobreponerse a un duro asedio inicial de los celestes, construyendo su actuación desde la seguridad de Bravo, Rifo y Ponce, el trabajo de hormiga de Vidal y, ya en pérdida con el ingreso fundamental de Villanueva.
Un capítulo aparte para Marcelo Salas.
El Matador virtualmente no la tocó pero apareció en momentos culminantes del cotejo y no falló, anotando el golazo del empate y tirando un penal contra la lógica de un zurdo, con frialdad y certeza.
El capitán, con los goles de la víspera, ya ingresó en la historia de su selección. Por lo menos en los duelos con nuestros seleccionados.
Uruguay deberá aumentar su caudal de juego ante Brasil, sin Forlán ni Pablo García que aparecen como insustituibles y para colmo no pueden agregar algunos de los lesionados de la víspera.
Mirando en perspectiva, entendiendo que esto recién comienza pero con la experiencia de lo que ha hemos sufrido, habrá que hilar muy fino en la elección de los jugadores, trabajar con intensidad y proponer mayores variantes en la prestación futbolística, si pretendemos arribar con éxito al final de este proyecto.
En todo caso y como parece que «la historia vuelve a repetirse», sería bueno curarse en salud para no echar mano a Castriotta y Pascual Contursi, como tan bien lo hace mi amigo Nelson Pino, entonando «Mi noche triste». *
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